Demonios en el jardín

Petronio Sánchez y su Satiricón

El Gobierno ha entrado en erupción. Los distintos piroclastos que alberga saltan por los aires, ora en lapilli, ora en cenizas, porque tal como canta la maravillosa Natalia Lafourcade, lo que construimos se acabó.

Las coladas que se forman a raíz de cada una de sus bocas parlantes avanzan a su ritmo y la gente, es lógico, teme que si no les arrasa una, les arrase la otra.

El mar, que son las elecciones, aguarda a todas, pero deben llegar bien diferenciadas y lo más gordas posible para que su fajana sea la más hermosa y la más adentrada en las aguas.

Este comportamiento de un magma tan rival y variopinto, con coladas norteñas que ansían tener su propio volcán para borbotar a pierna suelta y con otras a las que les van más las erupciones vesuvianas, repentinas y destructivas, da origen a una temporada otoño-invierno como la que vivimos.

Domina una moda de increíbles tonalidades, en la que la vicepresidenta se viste de blanco para pasear por los jardines de la Moncloa en compañía de Petronio Sánchez, el árbitro de la elegancia, como si fuesen maniquíes armoniosos de un spot idílico para consumo de los europeos, que como son tontos, se lo van a creer.

La realidad es que la lucha de coladas les impide incluso usar la misma frase para definir lo que van a hacer con la reforma laboral, así que démonos por jodidos.

La ley de la Vivienda se presenta en estéreo, con voces en Moncloa y voces en un ministerio; a Batet se la quieren comer con patatas y el presidente, de tanto ruido de fondo que escucha, prefiere viajar una vez más a La Palma en busca de un poco de tranquilidad.

Y esto no ha hecho más que empezar. Escribió el desaparecido Ruiz Zafón que en política las puñaladas nunca llegan de frente, siempre por la espalda y con un abrazo. Añadimos, y en el jardín.

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