José Carracedo, el director del Orfeón en la estela de Montes

En torno a su figura se recompone la masa coral lucense siete años después de la muerte del fundador

EL ORFEÓN GALLEGO de Montes queda en manos de José Carracedo Vilanova (Lugo, 1862) cuando el maestro fallece; de la misma forma que Luis Junquera lo recibirá a la muerte de Carracedo, con quien tuvo sus más y sus menos.

Los tres directores viven la época dorada de los certámenes de corales, cuando los vecinos de cada ciudad siguen las competiciones con el interés, las ansias y la minuciosidad con las que hoy se examina cada lance de un partido de fútbol. No le den más vueltas. Son otros tiempos.

Así no es extraño que el funeral de Carracedo en A Nova sea una concentración “de todas las clases sociales”, en argot de la época; que en él se interprete una de las misas de Luigi Cherubini, que la abundante lluvia no espante a la concurrencia, o que en la calle de la Reina / Raíña, su domicilio, no se pueda dar un paso.

El colofón lo pone el propio Orfeón entonando el Libera me, de Carracedo, que había acompañado a tantos lucenses en estos momentos postreros. Ya entonces lo dirige Junquera.

Comenzamos por el final porque en el caso de este músico, compositor y violinista es la mejor manera de reflejar la popularidad de sus triunfos. Solo tenía 49 años y cinco como director.

El Orfeón Gallego llega a ser el más antiguo de Galicia, pues nace en 1879 como obra de Montes. Sus éxitos en los mencionados certámenes parecen difíciles de igualar y por eso a partir del 24 de junio de 1899 hay un vacío que se resuelve en 1906 con la elección de José María Carracedo. A los cuatro meses de llegar se estrena en Ferrol con otro primer premio. Respira el hombre.

Hay insinuaciones de coruñeses que están en contra, pero eso es como los penaltis, que unos los ven y otros no.

Vuelven a ganar en Ourense el año 1907, actúan en Monforte sin rivales y regresan a Ferrol para hacerse con un nuevo triunfo. No los premian en Vigo, pero Carracedo va a mantener el prestigio de Montes en esos cinco años, pues fallece en 1911.

Se había casado el 1891 con Catalina Fernández y son padres de Jesús, María de los Ángeles y Antonio, fallecido muy joven cuando es estudiante de Derecho. En aquel momento se le conoce como el violinista Carracedo.

Además de la labor al frente del Orfeón propiamente dicha, consta en su cuenta la organización de las que llaman funciones patrióticas con el fin de recaudar fondos, como la del difícil año de 1898, con obras de Bellini y Chapí, así como una jota del propio Carracedo, autor también del vals El Brindis y de otras piezas, como el Libera me.

La gente compra entradas a precios de donativos y se subastan regalos que engrosan la recaudación.

También dirige las comparsas del Orfeón, que en 1909 se visten de Pierrots e interpretan lo que Carracedo escribe para la ocasión. Ese mismo año se celebra en el Círculo la fiesta organizada por el Orfeón, donde interpreta el apropósito Bazar de gangas, de Carracedo. A El Progreso le parece que no debieron cantarse algunos cuplés “de dudoso gusto”. Aún así, lo felicita.

En política es canalejista, es decir, seguidor del epónimo José de Canalejas. Como tal se presenta a las elecciones para concejal por Viña-Miño y es elegido, pero, cosas de Lugo, las elecciones se anulan al año siguiente por defectos de forma.

Cuando Canalejas cena en Lugo el año 1908, Carracedo, que asiste a la cena, dirige un recital en su honor con obras de Veiga y Montes.

Con motivo de su santo, el 19 de marzo del año de su muerte, el Orfeón le ofrece una serenata que se repetirá a su viuda hasta 1918, cuando fallece esta.

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