El Congreso se divierte

… pero demasiado

Como el cielo se estaba encapotando y las nubes tendían del negro azabache al negro antracita, la presidenta del Congreso decidió recoger el mantel del pic-nic y guarecerse bajo el paraguas de la ley, que para casos de chaparrones no se ha inventado artilugio mejor.

Ella, los letrados del Congreso, la Mesa y los chicos de Podemos habían salido de excursión sin hacer caso de las indicaciones, acostumbrados como están a ir por libre y bajo el alegre lema que proclama como orégano todo lo que en el monte hay.

Pues no, después de unas horas de estupefacción en las que el Tribunal Supremo estuvo atónito y perplejo, la presidenta Batet se la ha endilgado y acomodado de forma que a lo mejor el pateador Rodríguez sí tiene que estar 45 días de baja, no en la cama, sino en la cámara baja española, que tampoco es tanto.

Ustedes que saben más de esto me corregirán, pero no recuerdo un episodio más chusco, infantiloide, rastrero, vulgar y de contranatura jurídica que afecte al Congreso como este.

Tampoco recuerdo ningún otro sucedido en el que el Supremo llegase a reconocerse a sí mismo “atónito y perplejo”. ¡El Supremo atónito es tan grave como Defensa exánime o Sanidad pachucha!

La dimisión, cese o depuración de Batet solo podría evitarse si nos tapamos los ojos y no queremos ver nada de lo ocurrido.

Seguramente habrá quienes disfruten haciéndose pasar por ciegos y quienes le encuentren disculpa, pero lo cierto es que la institución ha quedado dañada y la presidencia, los letrados y la Mesa deberían ser trasladados directamente al ostracismo, por lo menos para seguir pensando que en España el poder legislativo está ejercido por instituciones serias, respetables y conocedoras de las leyes que emanan de ellos mismos.

A ver cómo acaba todo esto.

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