El mal

El mal existe y es peligroso

Hay decisiones políticas impulsadas por la necesidad o por la ideología. En nuestro caso, unas terceras son promesas hechas al socio. Las hay acertadas, erróneas, cabales, indiferentes, catastróficas o excelentes. Las hay duraderas y efímeras.

Por ejemplo, el primero que decide construir un puente para salvar los ríos toma una decisión duradera, porque se siguen haciendo. Quien manda erigir una torre para llegar al cielo pronto descubre que no solo es efímera, sino también inútil y carísima.

La experiencia nos permite distinguir las que están inspiradas por el mal, dicho así sin paliativos, por el mal en estado puro. Cuando Hitler decide que los arios son buenos y los judíos, malos, y los mata, quienes no eran nazis supieron al instante en qué bando jugaba el mal. Otros muchos dudan y un gran número lo aceptan, quizá porque les favorece.

Hoy se anuncia la creación de listas negras al estilo nazi y un número extraordinario de personas las aplaude con las orejas, quizá porque le favorecen. Listas negras de profesores que no hablen catalán en Cataluña, de médicos que no lo utilicen en las Baleares, de personas que se opongan al aborto _ pronto las habrá para quienes se nieguen a la eutanasia _, listas negras de periodistas que no laman con fruición según qué culos, de ciudadanos que hablen bien de Franco, de quienes no adopten la ideología de género como principio inspirador de su vida, de quienes no declinen bien el adjetivo conjugado tontos, tontas y tontes; en definitiva, de quienes no agachen nuevamente la cerviz de la inteligencia ante la monstruosidad del tirano.

A quienes las redactan se lo damos por sabido, pero a los que aplauden y jalean dichas listas debemos recordarles que están en el bando del mal, porque aunque no lleven la esvástica bordada en sus camisas, la llevan en sus cerebros.

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