Carlos A. Lucio, el etarra que salió de Ribadeo

Brillante alumno de Ingeniería en Bilbao, acaba en la organización terrorista tras su paso por Cataluña

FUE EL ÚNICO miembro de ETA nacido en la provincia de Lugo y el único también en ser abatido durante una acción terrorista. Carlos Alberto Lucio Fernández (Ribadeo, 1951), deja A Mariña siendo niño, pues su familia se traslada a Portugalete, donde estudia el bachillerato en el colegio de Santa María, inmediato a su domicilio de Avenida Àbàro.

Carlos es el alumno más destacado y lo demuestra su premio extraordinario. Después ingresa en la Escuela de Ingenieros de Bilbao y allí coincide con otro lucense, Guillermo Planas Roca. El encuentro es inevitable, máximo cuando ambos, además de paisanos, forman el núcleo más brillante de unos cursos especialmente duros por la propia complejidad de la carrera y porque el profesorado de aquella época así lo quiso.

Guillermo lo recuerda en 4º curso, el día en que le borra la pizarra a uno de los profesores y lo golpea en las solapas con el borrador para demostrarle que su explicación no es la correcta. El episodio certifica tanto su valía, como su radical empecinamiento en defender sus ideas, lo que vuelve a poner de manifiesto en el campamento de milicias zamorano de Monte la Reina, donde vuelve a encontrarse son Guillermo y donde su carácter lo lleva al calabozo con frecuencia.

A raíz de este hecho es expulsado y aunque en 1974 se traslada a la catalana Ripollet, tampoco allí lo admiten para acabar la ingeniería. Se casa con la profesora Magda Archs y en 1977 tienen a Andreu Lucio Archs, que actualmente es VFX-TD en Londres, es decir, realizador de efectos especiales para cine, publicidad y videojuegos. Su trabajo contribuye a películas como Ira de Titanes o El lobo de Wall Street.

En Cataluña forma parte de la dirección de Eskerra Comunista – OIC, antes de pasar a la OCE, Organización Comunista de España – Bandera Roja, de ideología maoísta.

En 1978 se va a producir un sorprendente reencuentro con Guillermo Planas, ya que Carlos regresa al País Vasco para reorganizar Bandera Roja, integrada en el sindicato LAB e ingresa en la central nuclear de Lemóniz, donde Guillermo es ingeniero.

De ahí a HASI y ETA con el apodo de Zaharra. En marzo de ese año introduce los explosivos con los que vuelan una de las turbinas, causan la muerte de dos trabajadores y hieren a otros 14. Para esquivar a la policía huye a Francia.

El 13 de julio de 1980 integra el comando que embosca a ocho guardias de las Unidades Antiterroristas Rurales que tras un turno de un día salen del polvorín de Explosivos Río Tinto en Aia, a las afueras de Orio.

Lanzan tres granadas de mano para detener el paso del convoy y luego se desencadena el tiroteo. Matan a dos agentes; uno de ellos, Antonio Gómez Ramos, de 22 años, natural de Vilardebós (Ourense), pero el comando también sufre dos bajas.

Uno de los etarras fallecidos es Ignacio María Gabilondo y el otro, Carlos. Los restantes escapan. A Gabilondo se le califica como “uno de los más duros de ETA”, implicado en los secuestros de Arrasate y de Berazadi, a quien da muerte.

Su cadáver es conducido al cementerio de Polloe, lo que origina un enfrentamiento entre la familia y el gobernador sobre las medidas para evitar homenajes y altercados, lo cual no se consigue por completo.

Al cumplirse los treinta años de su muerte, en 2010, veintisiete personas participan en un homenaje a Carlos en el cementerio de Portugalete donde está enterrado, y son identificadas por la Ertzaintza como sospechosas de un delito de enaltecimiento del terrorismo.

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