Bajo el volcán

La Tierra también decide

La erupción de La Palma estaba prevista desde hace varios millones de años antes de la llegada del hombre a la Tierra. Antes de su creación, evolución o aparición.

Con este dato en la mano las tertulias se han quedado sin el acostumbrado argumento recurrente de la responsabilidad de ese ser vivo _ el occidental, por supuesto _, en el fenómeno.

Ya sea la nevada del siglo, el covid-19 o el incendio de sexta generación que devasta Sierra Bermeja, siempre nos vamos a encontrar responsabilizados por alguien en sus causas, aunque solo sea como herederos de unos antecesores lejanos.

En esta ocasión, no, y es un alivio, porque ya empezaba uno a dárselas de divino con tanta influencia sobre la atmósfera, la Tierra y sus aconteceres.

Es perogrullesco afirmar que influimos en el clima o en las mareas. Naturalmente, como las hormigas y el zorro ártico. Que nuestra influencia tiende a ser negativa de acuerdo con criterios que ensalzan el libre discurrir de los cambios naturales, también lo es, porque el hombre y la mujer _ repartamos protagonismo _, no actuamos solo por el instinto, sino que decidimos y a veces la decisión no es la mejor de las opciones.

Pero de no ser así no pasaríamos de hormiga o de zorro ártico, y en fin, dioses no, pero pulgas tampoco.

Estamos a la espera de conocer la cantidad y calidad de los gases de efecto invernadero que ha soltado el volcán palmero, más que nada para descontarlos de la cuenta anual que arrojan sobre la humanidad como diciendo: Sois lo peor.

Y lo seremos, porque viendo lo que algunos energúmenos abanderan, es como para pensarlo. No obstante nos queda una esperanza. Hemos ensuciado el mar de plásticos, pero los estamos recogiendo.

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