Rudo & cursi

Y no estar loco

Hay una contradicción en estos tiempos del ventuncento que me escama e interroga. Quizás a ustedes no se lo parezca y lo entienden a la perfección, en cuyo caso, felicitaciones y albricias.

El pasmo radica en ver cómo muchos han llegado a tener la piel más fina de la historia en según qué asuntos, al tiempo que viven inmersos en la apoteosis de la grosería, en el pisoteo de los valores tradicionales y contrastados, y en el desprecio del intelecto y la cultura.

Se escandalizan ante una presentadora que resalta la intensidad del color negro en la piel de un jugador de fútbol, que es una apreciación sin malicia de ningún tipo, pero al segundo están justificando que la gente se reúna en masa para vitorear a un asesino en serie más letal que una mamba cabreada.

Alguien los definió como los indignaditos y el nombre se acopla de perlas con su doble rasero, pues sus argumentos, su postureo, su endeblez meliflua y remilgada no llega ni a constituir la contundencia de una indignación y se queda en un melindre cursi.

Por supuesto se debe a una creación interesada de los poderes que tratan de subvertir el orden sin que nos demos cuenta. Los Castells de turno que trabajan en nómina de Belcebú, tenga Belcebú los apellidos que en el ventuncento le hayan dado sus papás.

Y dentro de la paparrucha tratan de instalar internacionalmente la hispanofobia que abandera ese mexicano de cuyo nombre no quiero acordarme y que se expresa en correcto castellano, creyendo quizás que lo podría estar haciendo de igual manera si España no llega a fundar 27 universidades y medio centenar de colegios que funcionaron como facultades, una obra sin parangón entre las otras potencias civilizadoras.

Pero qué vas a hablar con un ministro que desaconseja la memoria porque todo está en internet.

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