Escrito sobre el viento

Nunca tan previsible estuvo un mandato

Sánchez se retrató en cada uno de los pactos acordados para asegurarse la mayoría y la presidencia. Fueron fotogramas de una película que iba a rodarse en los cuatro años siguientes, si el destino es benévolo con los mortales.

ERC, Bildu, PNV, Más País, Compromís, Nueva Canarias, Teruel Existe, BNG y la guinda de Podemos. Entre todos no son capaces de decir España sin que les salga un eccema en el frenillo de la lengua, y aunque en algún caso admitas que son buenos chicos, para el oficio que se les reclama, que es administrar la nación entera, constituyen lo último de lo que cabría echar mano; vamos, algo así como agarrarse al ancla en un naufragio esperando que flote.

Él sabía con exactitud meridiana que esas fotos obtenidas en la penumbra y al reclamo de “Tenemos una oportunidad histórica”, iban a lastrar su presidencia de sapos como Henri Parot y lagartos como Aragonés; de indultos, traiciones, renuncias, chantajes y una ensalada de ilegalidades que en ningún caso, ni en el primero, suponen el menor beneficio para el territorio que dice gobernar.

A quienes les suene a rancio el argumento, les propongo el siguiente ejercicio. Traten de explicar qué son las pensiones, la Seguridad Social, las autopistas, el Salario Mínimo, la roja, el rescate de los afganos y varios millones de cosas más sin pronunciar la palabra España. Les va a quedar un argumento cojo y trastabillado, como se queda Sánchez cada vez que paga el peaje con banderas, Parots o humillaciones.

Estaba escrito sobre el viento y permanecerá así lo que dure la memoria de los hombres, porque Sánchez, mal que le pese, no tendrá otro papel en la historia que el que quiso darse, el de un pobre hombre tan ambicioso que se dejó devorar por su pasión antes de satisfacerla. Y con un país de tancredos como testigos.

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