Eliseo López González, o dentista de Aldosende

El de Paradela ejerce sin título durante muchos años y reúne a una clientela numerosísima

FUE UNO DE estos personajes que harían las delicias de Cunqueiro y de cualquiera de sus lectores. Eliseo López González (Paradela, 1908), nace poco después que El Progreso en el lugar de Gondar, parroquia de Santiago de Aldosende, de donde toma el nombre con el que se hará famoso como el dentista de Aldosende.

Es obligado decir que las únicas fuentes utilizadas para trazar estas notas biográficas son la entrevista que le realiza Manuel Rodríguez López, el escritor de Paradela, y la Antoloxía da Memoria de Lugo.

Rodríguez López atribuye su ciencia odontológica a Camilo y Juanito, sobrinos de Xoán de Forcados, que se establecen como tales en Madrid y Chantada, y también a los 21 meses de guerra en los que permanece al cargo de la enfermería militar de León, donde se hace con un título de practicante.

Ese bagaje de conocimientos no le libra de que los dentistas lo tengan por un intruso y sean precisamente los de Lugo los que más porfíen en su persecución, mientras que los de Sarria, dice él, lo dejaron tranquilo.

Lunes y jueves atiende en Lugo. Los domingos, en Portomarín y el resto de la semana, en Aldosende, sin contar otras consultas ambulantes en Cabo de Vila y en Loio, ambas en Paradela.

Al igual que hace O Cacharulo, Eliseo convoca a consulta en el piso de una hija suya, con un pequeño taller de costurera. Allí acuden de dos en dos, y seguidamente pasan a otro lugar donde el dentista de Aldosende los examina.

Denunciado por Luis Alfonso Pardo, sus previsibles clientes declaran a los agentes que están allí para hacerse un traje. En ocasiones, sobre todo cuando había feria, se junta una cola de hasta sesenta personas con intención de que las vea.

En Loio es detenido y le confiscan su material de trabajo, aunque él logra sustituirlo por otro prácticamente inservible.

Un viajante de Vigo le suministra alguna medicina contra las hemorragias, aunque él asegura que jamás había tenido problemas. Tanto es así que un dentista de Sarria quiso asociarse con él, pero Eliseo no acepta compartir ganancias con nadie.

“Traballaba en toda clase de bocas, facía empastes, poñía pontes, paladares, esqueléticos, todo”, manifiesta a Manuel Rodríguez. Se considera una buena ayuda para los más desfavorecidos, pues su tarifa es la mitad de la usual.

Está muy satisfecho cuando le dicen que tal o cual médico no había podido solucionarle un problema y él lo afronta con éxito.

En otra ocasión fue denunciado por un vecino: “Lémbrome ben. A finais da década dos cincuenta, os dentistas de Lugo valéronse del e pagáronlle para que me denunciara. Pero eu tiña un comisario amigo e movinme. ¿Sabes como se arranxou? Con cartos”.

También llega a hacer otro tipo de cirugía, como cuando le quita un quiste en la cabeza a un muchacho sin cobrarle nada porque es pobre, o cuando le extrae a otro un trozo de acero que tiene incrustado en una pantorrilla.

En el transcurso de una persecución de O Piloto, le preguntan si lo ha visto en su casa y él dice a la Guardia Civil: “Pola miña casa pasou tanta xente, que non podo afirmar nin negar se o vin nalgunha ocasión”. El alférez le echa una mano: “Eliseo é a mellor persoa do lugar”.

Víctima de una hepatitis crónica, debe dejar las consultas y su mujer, Dolores, se vuelca en cuidarlo. Eso no evita que a su casa sigan llegando personas. Entonces Dolores se encarga de decirles que no, que el dentista de Aldosende ya no tiene consulta.

A sus exequias acude una multitud de toda la comarca sarriana.

Comenta