Sentados frente al fuego

Sesión de noche

Sánchez avanza una mesa de diálogo, de negociación o de lo que ustedes quieran, que va a mantenerse durante dos, cuatro o diez años. Por lo tanto no hay que preocuparse. No es que en diez años estemos todos calvos, como ocurre a los cien, pero vete tú a saber si entonces nos hemos puesto rastas.

En realidad estas mesas para hablar de lo imposible deberían durar toda la vida, que es el período que duran nuestras ilusiones. Cuando solo son difíciles, como puede ser acertar una de catorce, ganar en San Remo, o pasar una velada con Ava Gardner _ Paul Newman también vale _, algunos las consiguen, pero si pertenecen a la categoría que el torero Rafael Guerra definió con la magistral fórmula de “lo que no pué ser, no pué ser, y además es imposible”, se debe recurrir a los diálogos dilatados, como esas sobremesas de vagar filosófico, cuando los pocillos del café chocan con el primer plato de la cena.

Y mejor que hablar, platicar, que viene de practicar y sirve para estar entrenado en estas lides de la vida.

Ahora bien, no me tomen por agorero, pero en ese tiempo que el presidente abre por delante con tanta largueza, usted y yo sabemos que vamos a ver más de un contenedor ardiendo, porque desquiciados como la exvicerrectora de Calidad y Política Lingüística de la Universidad Politécnica de Cataluña, Núria Pla, que animaba al uso del argumento piroplástico, todavía quedan muchos, y por lo que se ve, en puestos de responsabilidad gracias a la existencia de formaciones incendiarias que reciben votos de partidarios de las lenguas de fuego, y no las del Espíritu Santo, precisamente.

Una duda final. La tal Núria Pla que anima a la pira urbana y a colapsar aeropuertos, ¿lo paga ella de su bolsillo, o pretende que lo hagamos los contribuyentes, como siempre?

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