Managua

Caín Ortega y Abel Ramírez

Conocí a Sergio Ramírez en Managua. Bueno, apenas unos minutos, los suficientes para que Maribel Outeriño y yo lo entrevistásemos después de depositar su voto en las urnas el 25 de febrero de 1990, cuando él y otros muchos dejaron de ser sandinistas.

Sí, porque los ingenuos, Sergio también, creen entonces que aquello puede ser una solución contra las dictaduras, sin atisbar que en realidad es el nacimiento de otra, mayor que las anteriores.

Sergio y Daniel Ortega son las dos caras de aquel simpático movimiento. Ortega radicaliza a Sergio y este le presta a aquel una pátina de intelectualidad. Bastaría para saber que la unión no irá a buen puerto, máxime después de ver cómo el voto es de Violeta Chamorro y cómo Daniel convierte el Frente Sandinista en la S.L. de su matrimonio con Rosario Murillo.

Ahora, 31 años después del batacazo, con el sandinismo sumergido en la peor de las consideraciones políticas, por debajo del chavismo y del castrismo, fiel al destructivo Foro de Sao Paulo, Daniel ha emitido orden de busca y captura contra Sergio, orden para allanar su casa llena de libros y orden para quemar la novela que los denuncia como los nuevos sátrapas del Caribe, Tongolele no sabía bailar.

Triste y lamentable, ya que la bestia de aquella hidra dual pretende cercenar su cabeza porque la critica. Pero tanto o más penoso es comprobar cómo en España, que lo premia con el Cervantes, su Gobierno, sus escritores e instituciones, no salen en tromba a defenderlo, y titubean como almas cándidas y majaderas por ver cuál de los dos exsandinistas tiene razón. Si la hiena represora, o el cordero de amplia biblioteca.

En ese punto de indigencia cultural nos tienen y ahora van a por la miseria económica. Pues, nada. Enhorabuena a todos los colaboradores.

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