El mundo está loco, loco…

Pero mucho, mucho

Insisto en una tesis expuesta ya hace algunos años y aparcada en el anaquel de los frascos rotos por falta de pruebas científicas que la avalen. Decíamos entonces y repetimos ahora, que alguien ha estado mezclando droja en el colacao.

Si antes era una proposición arriesgada, un tanto simple y de difícil comprobación, hoy se revela como la única explicación razonable que da respuesta a tamaña concentración de gilipollas, no solo en los puestos de decisión política, sino también en otros muchos ámbitos de la sociedad, aunque estos no supongan un riesgo tan evidente como los otros contra la salud mental del común de la ciudadanía.

Solo el señor Castells, ministro de la cosa universitaria, ha desgranado tantos despropósitos en su aprobado anteproyecto, que podría haberlo firmado el loco Carioco sin merma de calidades. Lo de no penar que se copie en los exámenes es de una altura intelectual que marea. ¿Pero cómo no nos dimos cuenta hasta ahora? Que se examine el que sabe y que nos aprueben a todos.

Tres partidos ponen en una pancarta: “El País Valenciano no es España” y se quedan más anchos que panchos. Si añaden: “Es Alemania”, lo bordan.

La ministra del chollo igualitario dice que afgana y española la misma cosa es, sin que ningún oftalmólogo de Urgencias le revise la vista y sin que nadie la mande para su casa.

Una concejala, profesora, socialista y sabe Dios cuántas cosas más defiende ante sus alumnos que a los niños hay que castrarlos al nacer. ¿A su padre también? Colau le quita la calle a los Reyes Católicos. Pobrecita, de ella no se acordarán en cuanto llueva dos días. Yolanda Díaz edulcora el comunismo como primor democrático… Señores, díganme ustedes si ha habido o no reparto de droja.

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