Hijos de la viuda

Dice Ricardo de la Cierva que ZP es masón, o cerca le anda. César Vidal mantiene una impresión similar. Al ministro Alonso y a otros miembros o consejeros del entorno presidencial les ocurre tres cuartos de lo propio. No es nada extraño ni novedoso en la política española, como no lo es que en otros momentos históricos quienes sobrevuelen el poder pertenezcan a otras sociedades de cuño católico muy aficionadas también al secretismo, a las sinecuras y al poder.
Que el presidente de un Gobierno pertenezca, se inspire o se aconseje por cualquier grupo de obediencia distinta a la del partido por el que se presenta, es casi una norma de obligado cumplimiento en todos los países del mundo y ZP no iba a ser una excepción rayana con la virginidad. Si Bush es illuminati, si pertenece a la American Skull and Bones society (Calavera y Huesos), si las Familias Negras se reparten Europa, si Chávez está en la onda rosacruciana, si en Francia mandan los mandiles o si el Vaticano está infiltrado o no, ya no constituyen únicamente cuchicheos de tertulianos a la violeta, sino que son tesis que han saltado a los libros, donde comienza a hablarse del tema con la naturalidad de un tratado botánico, aunque eso sí, todavía con el regusto de quien está penetrando en los pasadizos subterráneos de la historia, en el submundo de las conspiraciones y del secreto, que por desconocido, admite imaginar planes y contubernios que hacen las delicias de Dan Brown y de sus lectores.
Los familiares del capitán De Lora Castañeda, un militar masón coetáneo del abuelo de ZP, dan testimonio actual del intento de Franco por ingresar en la masonería. Dicen que la oposición de su padre le costó la vida y en buena parte marcó el carácter de los gobiernos de Franco cuando éste alcanzó el poder. No es para caerse de la silla, pues encaja a la perfección con el animus mejorandi de esa época. Y por lo que se ve, de ésta también.

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