El mundo es grande

Pero mal repartido

Una vez más las manos de muchos han viajado a sus cabezas tras comprobar que en el programa de TvE1 Saber y Ganar escriben Mugía donde se habla de Muxía.

Con esa actitud se critica el principio lingüístico de respetar el topónimo oficial en una lengua distinta al castellano cuando se escribe en este idioma, una regla dificilísima de cumplir en toda su extensión, pues tendríamos que decir y escribir Stockholm para referirnos a la capital sueca, o Kaapstad, para citar a la población sudafricana que todos pronunciamos Ciudad del Cabo y nos quedamos tan panchos.

Cierto que impera una regla general de cortesía con determinados casos de los idiomas peninsulares, aunque insistimos en que son determinados, porque Ibiza no pasa al catalán Eivissa, ni Cataluña a Catalunya.

Sin embargo los idiomas peninsulares suelen presumir de lo contrario, es decir, de plasmar con grafía autóctona los topónimos castellanos susceptibles de cambiar.

Leo hoy mismo en un medio que usa el catalán: Espanya, por España; Conca por Cuenca y La Corunya por A Coruña.

Las respectivas academias han emitido abundantes normativas al respecto, pero están plagadas de excepciones y además, como se resalta cada vez que se aborda este tema, el Institut d’Estudis Catalans no puede imponer a la Academia Española, ni a la Francesa, ni a la Galega, que debe escribirse Catalunya y no Cataluña o Catalogne.

En resumen, el tema es complejo porque no existe una norma fija e inmutable. Ni siquiera debe haberla para que las lenguas las sigan creando las gentes que las usan, como ha sido siempre.

Lo curioso es que Mugía levante indignación y La Corunya, no.

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