Cambio de vida

Nuevo traje

La España de Sánchez limita al este con el recibo de la luz; al norte, con los txistus para asesinos; al sur, con los chiringuitos ideológicos que se inventan sus socios para chupar de la vaca hasta desencuadernarla y al oeste, con el chantaje permanente de la panda de apoyadores, esos cuya acrisolada infidelidad los hace reos de todas las traiciones.

En el tintero han quedado otros límites al crecimiento, la coherencia y el buen gobierno, y aunque parte de la geografía es heredada, al mapa se le está dotando con la tonalidad típica de la ruina y la pobreza, al margen de otros tintes ideológicos atascaburras y engañabobos.

Estos días de rentrée se repite que a partir de ahora Sánchez va a vender moderación. Se dice como quien anuncia las hechuras de moda para la temporada otoño-invierno, y por el soniquete de quienes lo hacen, se nota que todos pertenecen al gremio de los bien-pagás, que por eso existen.

Para que Sánchez entrase en las vías de la moderación tendría que desdoblarse como se hace con las mollejas de pollo para limpiarlas a conciencia, es decir, revisar la legislatura desde el momento en que declara que no va a poder dormir con Pablo Iglesias al otro lado de la cama, hasta su último visto bueno al nuevo récord en el precio de la luz, que fue ayer, y modificar sus decisiones a la luz de la moderación.

Como el ejercicio es utópico, de nada vale que ahora estrene ese nuevo traje, salvo para resaltar lo que a la vista está, que ha sido un presidente en manos de radicales especializados en la creación de chiringuitos y en la destrucción de la convivencia.

Si está arrepentido de haberlo hecho, tiene un método muy sencillo de enmendarlo. Pero como ya sabemos que no lo va a hacer, dígales a los bien-pagás que no nos vengan con milongas.

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