Pedro G. Páramo, un nombre en Urología

El médico lucense, pionero de las laparoscopias, define enfermedades y técnicas de su especialidad

SI ALGUNA VEZ oyen a algún urólogo que se refiere a la enfermedad de Páramo, o a otras disfunciones o intervenciones de su especialidad así calificadas, sepan que se han bautizado con ese apellido en homenaje a su investigador, un médico lucense.

Nos referimos a Pedro González Páramo (Lugo, 1929), el segundo de los diez hijos del médico forense Casto González Méndez y de María Filomena Páramo, hermano por tanto de José Manuel, María Isabel, Casto, Jaime, María Cristina, Emilio, Luis, María Rosa y María del Carmen.

Gran aficionado al fútbol, en más de una ocasión saldrá en los papeles como practicante y como espectador de partidos de la selección nacional, dando su opinión sobre el juego de los españoles.

A diferencia de sus hermanos, profesores, ingenieros e incluso actores, Pedro va a seguir la carrera del padre en las universidades de Santiago y de Madrid, licenciándose en la Complutense con una beca Ramón y Cajal, antes de especializarse en Urología.

También con una bolsa del Instituto de Cultura Hispánica, amplía estudios en la Columbia University Presbiteriam Medical Center de Nueva York, y más tarde en la de Roma para doctorarse en 1976.

Merece el Premio Extraordinario de doctorado en Medicina y Cirugía por su tesis Hilio-sinuquistosis renal _una nueva entidad nosológica _, que será conocida como la enfermedad de Páramo a la que nos referíamos.

En 1964 había recibido el Premio Garí de la Real Academia de Medicina de Barcelona, cuando ya es profesor clínico de la Facultad

de Medicina madrileña a las órdenes de Alfonso de la Peña, hijo del primer catedrático de Urología español, Leonardo de la Peña.

La distinción premia aportaciones originales estrictamente urológicas. La suya se llama Nefroespongiosis medular y quiste piógeno. También obtiene el premio Condesa Viuda de Maudes, de la Real Academia de Medicina de Madrid.

Desde el año 1975 es uno de los precursores españoles en el uso de la laparoscopia para la localización de testículos criptorquídicos intraabdominales y para el diagnóstico de los estados intersexuales.

Además de la enfermedad citada, su nombre se incorpora a la Angiopexía de Páramo, o cirugía de la hidronefrosis; a la Operación anti-reflujo de Páramo, y a la Ureteroceloplastia de Páramo, que es la cirugía del uréter terminal.

Ha escrito un centenar de trabajos de su especialidad y se mantiene vinculado a la docencia universitaria desde el año 1954 como profesor adjunto de Urología de la Universidad de Madrid entre 1967 y 1973. En el Instituto Ramón y Cajal de Madrid desarrolla parte de su trabajo experimental.

Es jefe del Servicio de Urología de la Residencia Sanitaria de Cádiz (1974), profesor encargado de Urología en la Complutense, jefe del Servicio de Urología del Instituto Social de la Marina y de Radio Televisión Española, y jefe clínico de Urología y de la Unidad de Andrología del Hospital Clínico de San Carlos de Madrid.

Asimismo pertenece a las más destacadas asociaciones de su especialidad y participa en múltiples congresos internacionales. Fue vicepresidente de la Sociedad Española de Fertilidad, secretario de actas y vocal de actividades científicas de la Asociación Española de Urología.

Se había casado con Rocío de Santiago Bartolomé y fallece en septiembre de 1999, recién nombrado profesor emérito de la Complutense. Estaba en posesión de la Encomienda de Alfonso X, el Sabio.

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