Enemigo en casa

El partidismo público

Al periodista Jesús Cintora le han quitado un programa que tenía en la televisión pública. Nada nuevo bajo el sol. Ora te lo dan, ora te lo quitan. Mientras una ley no lo impida, o no se contemple RTVE como una presa de las mayorías, va a ser así. E incluso, aunque tendiese hacia la independencia, los cintoras de turno no tendrían su permanencia garantizada.

Dicen que el colega se escoró todo lo que pudo y más para favorecer determinadas opciones políticas, en claro incumplimiento de la neutralidad exigible en un medio de comunicación público.

No sería el único, pero quizá sí fue el más descarado. Lo repito a través de terceros, porque jamás vi ese programa al que llamaban Las cosas claras. Ni él me ofrecía interés para aclarar nada, ni su horario era compatible con el de mi consumo televisivo, limitado y nocturno.

Leo ahora que Unidas Podemos, Compromís y Bildu han hecho piña para apoyar la petición de ERC exigiendo explicaciones por la decapitación de Cintora y el gesto basta para llenarme de satisfacción por todo el tiempo no malgastado viendo cómo entiende el periodismo el susodicho, pues si estos lo reclaman, no ha de ser para nada bueno.

Es evidente que estas cuatro formaciones comparten el deseo de destrozar España y las alegrías ante cualquier desgracia que le afecte a su unidad y a su prosperidad. Si son las que se unen ante la defenestración del periodista de Ágreda, es señal de que la medida ha sido adoptada con absoluta corrección y justificación en aras del beneficio común,

Ítem más. Si encima añadimos la pataleta con la que el señor Echenique ha recibido la noticia, la idoneidad de la supresión del programa no necesita más bendiciones, en el convencimiento de que a partir de ahora las cosas pueden estar un poco más claras.

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