Aquí mando yo

Una españolada

Cuando hablan de la niñera de Podemos pienso en Olvido Hormigos. No sé por qué extraño mecanismo de asociación ocurre, ya que ni Olvido era niñera, ni de Podemos, sino concejal y del PSOE.

Seguramente tiene algo que ver con esa facilidad española para crear personajes públicos pintorescos, dentro o fuera de la política. La niñera de Podemos solo hizo lo que le mandaban para convertirse en personaje, aunque lo que le mandaban y su cargo se parecían como un huevo y una castaña.

El que se lo curró a fondo fue Nicolás Gómez Iglesias, el Pequeño Nicolás, que nos dio juego para muchas tardes de gloria. Desde Nicolás la imaginación vuela a Julio Rodríguez Martínez, elevado al Ministerio de Educación en el verano de 1973 y defenestrado en enero del año siguiente, después de armar un gran revuelo con su intento de instaurar el año natural en la enseñanza, lo que se llamó el calendario juliano.

Se cuentan varias versiones de su nombramiento, como la de que alguien se equivoca y le pasan su nombre a la firma de Franco, cuando él quería a otro para ese puesto, o incluso que ese otro es Luis Sánchez Agesta. Don Julio era muy afín a Luis Carrero, así que todo se puede explicar vía Opus y vía amical.

En aquel año trepidante fue un no parar, pero como matan a Carrero en diciembre, el nuevo hombre fuerte resultante, Carlos Arias Navarro, que no lo puede ni ver, lo tiene fácil para desprenderse de él.

La niñera de Podemos tiene el tufillo de la nueva casta, pero el mismo aroma de quienes se toman la política como la administración del cortijo, ya sean derechas o izquierdas sus extremidades. Cierto que no es lo mismo darle Educación a un amiguete, que darle la niña a una asesora del Ministerio, pero en ambas entregas hay ese puntito de aquí mando yo.

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