La grande bouffe

No importa el tamaño del bocado si son grandes las tragaderas

Ya ha comenzado una nueva ceremonia de la confusión a mayor gloria del señorito. Esta vez no se trata de envolver bien el sapo de los indultos para que lo traguen hasta los obispos vía catecismo.

Ahora es más difícil porque aquello, al fin y al cabo, admitía el pálido barniz de la legalidad y la conveniencia, aunque fuese a costa del tribunal sentenciador y del Supremo.

Superado el trámite con un puñado de recursos y la promesa de que habrá un recuerdo electoral _ total, nada _, se afronta ahora un batracio de dimensiones descomunales, mitad cuélebre, mitad dragón de Sant Jordi, llamado referéndum y al que se trata de insuflar vida, porque en realidad la bicha no habita en ningún lado.

El proceso tiene por lo tanto aspectos nigrománticos, propios de un Frankenstein, y mucho laboratorio. Y es en ese terreno donde se creen fuertes porque las televisiones soplan a favor y la resistencia es endeble.

El primer primer paso consiste en que se hable del batracio con el mayor barullo posible de tal forma que le permita decir a Sánchez su gran rechazo y su contrario, una especialidad de la casa que será estudiada dentro de la escuela cínica de la filosofía,

Ya hemos escuchado de sus labios que no se puede poner en manos de los ciudadanos la responsabilidad de decidir si solo son catalanes o españoles; pero también, que si vivimos juntos podremos decidir nuestro futuro. Hemos oído que cabe un referéndum dentro de la ley, pero que la Constitución está para cumplirse; que es factible un referéndum pactado y que, de votar, votaremos todos.

El pifostio está armado y ahora solo falta que lleguen las tertulias de los Grandes Expresos Europeos para que lo aderecen con mil recetas de cocinar el pollo _ Bufo bufo, en este caso _, y en pocos meses estará listo para emplatar hasta por los aprendices de Master Chef.

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