El precio de la traición

Carillo sale el chico

Sin entrar en otras consideraciones, cada diputado nos cuesta a los españoles entre 55.800 y 230.930 euros al año.

Un número nada despreciable de ellos tiene como objetivo que nos vaya cada día peor, traicionar a España e irse con una buena bolsa, que solo se beneficie de sus medidas una parte de esos españoles, marcharse y que se les sigan pagando sus gracias, dificultar la existencia a quienes no hayamos nacido en determinado terruño que ellos consideran especial, dificultársela igualmente aunque hayan nacido, si ellos estiman que no se comportan dentro de los estándares que se han sacado de la manga, así como otros que aguantamos con cara de imbéciles porque nos tratan de convencer que eso es la democracia, aunque a todas luces se ve que es la dictadura.

Bajo las siglas ERC se cobijan algunos de los que pagamos tan espléndidamente a cambio de prestaciones tan poco saludables como que nos pisen los callos a diario, ensalada de insultos, deprecio a las instituciones, atracos a cascoporro e intermitentes golpes de estado.

A la vista de la intervención de uno de ellos, el señorito Gerard Álvarez García, socio de Ómnium Cultural y recién llegado a la cámara baja el 11 de mayo, nos preguntamos si también debemos pagarle el sueldo a quienes no tengan ni pajolera idea de la tierra que pisan.

Resulta que el diputado Álvarez García, que tan caro nos sale, interpeló muy indignado al presidente de RtvE por emitir corridas de toros en horario infantil, o por emitirlas a cualquier hora, tanto tiene, desconociendo que la última corrida retransmitida tuvo lugar hace cinco años.

Gracias a la mascarilla, el señor Álvarez se libró de que quienes le pagamos el sueldo comprobásemos el tono colorado, tirando a carmesí, que se extendió por toda su faz al enterarse.

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