Carlos Abejón, director de El País de Ruiz Zorrilla

El abogado y periodista de Ribadeo sufre cárcel en defensa del permanente golpista

SE MUEVE EN un espectro difícilmente definible hoy, que va desde la admiración a Marx, el anarquismo y el republicanismo, a una profunda fe; del ejercicio de la judicatura, a tomarse la justicia por su mano, y del periodismo a la fiscalía. En cualquier caso Carlos Abejón Martínez (Ribadeo, 1864), fue un personaje peculiar a golpe de ventoleras.

Con apenas veinte años acaba Derecho en la Universidad Central de Madrid. Es la época de la revuelta de “la Santa Isabel” y Carlos se distingue en dejar claro su republicanismo.

Sabemos que a continuación marcha a América, pero no a qué país. Quizá no sale de España. Es decir, va a Cuba, que todavía lo es. La mayor precisión que sobre esos años hemos encontrado se la debemos a Emilio Tapia, al que respetamos la literalidad de su ilustrativo artículo:

“Allí fue periodista brillante y de pelo en pecho, es decir de trabuco sobre la mesa, porque Abejón, que tiene alma sensible y temperamento de artista, llevando al extremo opuesto, por aquello de que los extremos se tocan, esta tendencia, escribió con tinta roja y se echó al arroyo persiguiendo la injusticia, sin fijarse en que ésta es muy sutil y con facilidad se encarna en el mismo instrumento que la persigue”. Imaginen lo que les plazca.

Regresa e insiste en nuevas aventuras periodísticas, que en aquellos años es tanto como decir que milita en política, porque cada cabecera va unida a un partido.

Los suyos son el Radical del conspirador compulsivo Manuel Ruiz Zorrilla y El País, sin conexión alguna con el actual. Antes, alrededor de 1892, está de cronista en El Heraldo de Madrid y bautiza en San Ginés a su primer hijo. En El País, llega a la dirección en muy poco tiempo y en ese cargo publica uno de los manifiestos levantiscos de R. Zorrilla y su ferrocarril de la revolución, tal como aparece en el cromo.

Lo detienen por un delito de imprenta y pasa en la Cárcel Modelo varias semanas. “¿Sabe usted quién es el autor del manifiesto de Ruiz Zorrilla?”, le preguntan. Y él responde: “Sí, señor. Ruiz Zorrilla”.

El episodio agrava sus problemas de salud, por lo que decide volver a Galicia y rescatar su profesión universitaria para ser secretario del Juzgado municipal de Trabada, aunque lo abandona en 1901 declarándose enfermo.

Se refugia en Ribadeo, desde donde colabora con El Correo de Lugo y El Norte de Galicia como corresponsal. Cuenta La Idea Moderna que un caballero traba conversación con él en un banco del paseo coruñés de Méndez Núñez. Abejón le comenta que es un desgraciado, que ha abandonado a su mujer y a sus padres y que está en situación desesperada. El caballero le da una peseta, pero cuando descubre el anarquismo de Carlos, avisa al capitán de la Guardia C. Benito Romero, para que lo detenga y lo expulse de la ciudad.

Reúne entonces sus Semblanzas ribadenses, 49 artículos sobre otros tantos paisanos de Ribadeo, la Vega, Castropol y Figueras editados por Mancebo en Mondoñedo. Nicanor Rielo dice que carecen de valor literario y no podemos confirmarlo, ni contradecirlo.

No opina lo mismo Emilio Tapia, pues observa en ellas “la firmeza de su ingenio y la sutileza de su pluma”. Les pide a cada uno de los 49 que compren cien ejemplares del librito.

Los acontecimientos se precipitan, y cuando Noriega Varela le discute en prensa ciertas apreciaciones filológicas, se dice que dirigirá un semanario en Chantada. Pero en 1904 es nombrado fiscal municipal de Ribadeo y al año siguiente, con apenas 40 de vida, fallece.

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