Neira Villares, el segundo Mamede Casanova

O Cantante de Becerreá fue un famoso cuatrero que López Pinillos da a conocer en toda España

ASÍ COMO EL bandido Mamede Casanova tuvo ilustres escribidores que le cosen fama y leyenda, así Ricardo Neira Villares (Becerreá, 1883), inspira más de un romántico relato por sus tempranas rapiñas. Pero tampoco esperemos a Fra Diávolo, ni a Luis Candelas.

Para empezar, olvídense de su nombre porque al personaje rara vez se le llama tal como sus padres lo dotan y el bautizo lo corona, sino por su apodo del Cantador do Lago y sus variantes, que por errata, desconocimiento o variedad, acumula: Esbaradoira, Contador de Vilachá, de Baralla, de Becerreá, de Lugo…

Cantador o contador, Ricardo abre los ojos en Sancti Spiritus de Fontarón, aunque también lo hacen de Papín de Penarrubia (Baralla).

A los 13, apenas superada una infancia que imaginamos montaraz, se convierte en cuatrero, es decir, al tiempo que le sale pelusilla en el bigote.

Su primera víctima es su propio padrino de pila, y es de creer porque en la acción va el mensaje. Nadie está a salvo de su afición al ganado ajeno. Que se lo pregunten a los de Baleira, que se quedan sin quince cuadrúpedos en una noche, o a Antonio López Iglesias, en Reinante, también despollinado.

Cuando comienzan a conocerse sus afanes más allá de Becerreá y A Fonsagrada, por mayo de 1914 sería, acumula treinta y ocho procesos y acaba de fugarse de la cárcel de Sarria.

Esos datos, la fuga y las 38 causas, lo lanzan a la fama española y ha de ser el columnista, entrevistador y afamado dramaturgo José López Pinillos, alias Pármeno, quien lo lleve al conocimiento patrio con artículos en el Heraldo de Madrid y en la prensa peninsular y canaria.

El Cantador, dice Pinillos, esconde una mula hurtada tan bien como si fuera una hormiga, y lo compara con ventaja al sirlero madrileño José María, que nada tiene que ver con el Tempranillo.

Lo hace tañedor de gaitas y “épico bailador de muiñeiras”, pero no hay mayor constancia de que practique tales artes. Otras sí, como la del escapismo, el que sirve para evadirse de presidios, pues conoce casi todos los de Lugo.

Tiene cuadrilla a los 18 años y la manda él, lo cual siempre da mucho porte. Se une a varias mujeres y se gana fama de quedarse dormido en sus brazos después del amor. Como amadas se le conocen dos, María López Fernández, de Ourense, y Hortensia Loureiro Rodríguez, nacida en San Pedro de Corvite (Abadín), o en Sobrado (Baralla), a escoger.

Si no es el amor, lo duermen “como una boa” los atracones que se atiza, dice Pinillos, lo cual facilita su detención. Y siempre aparece con una canción en los labios que justifica el apodo.

En 1910 le birla su caballería a Manuel Penela cuando luce botas, bastón y navaja que no son suyos, sino de un consumero que lo denuncia. Lo defiende Antonio de Cora con tanto acierto, que el fiscal Rubido retira la acusación.

Cuando cumple los 25, lo reclaman los juzgados de Mondoñedo y Castropol. El edicto lo define de estatura regular, grueso, color rubio, bigote castaño, afeitada la barba y ojos castaños. Es el presunto autor de una estafa en Ribadeo y una violación, y tiene otras causas pendientes en Quiroga y en Monforte.

Al final, lo apresan los vecinos de A Ermida y Gasalla, al lado de su patria chica. Están hartos de tanto lirismo con el Cantador y tanta mula desaparecida. Durante años lo habían protegido con el silencio cómplice que abona el miedo, pero de ser así, el crédito se apaga cuando lo ven en una cantina con María y lo denuncian.

Muere el año 1928 de una miocarditis cuando calza los 45 años.

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