Vázquez Seijas, el Filgueira Valverde de Lugo

Director del Museo durante treinta años, el lucense también fue clave para Santa Eulalia de Bóveda

EL DIA ANTERIOR a la inauguración del Museo de Lugo, en septiembre de 1957, El Progreso informa que al acto asistirán “altas autoridades”. El día señalado para que Ona de Echave, obispo de la diócesis, bendiga el edificio, se destapa el misterio. Presidirá la inauguración Carmen Polo de Franco, que en cuestión de altas autoridades no es nadie, pero lo es todo.

Así se consigue un doble objetivo. El del gobernador Otero Aenlle, que es mantener en secreto la presencia de la esposa de Franco en la ciudad por razones de seguridad, y el del diario, ser el único que lo publica antes de producirse. Los demás salen a la venta con la insulsa letanía de las “altas autoridades”.

Tuvo que ser uno de los días más felices de Manuel Vázquez Seijas (Lugo, 1884), porque de esa forma tan protocolaria corona con el ramo una obra tan querida por él como el Museo Arqueológico Provincial. Tanto, que a punto está de llamarse “Museo M.V.S.”, si él mismo no se opone.

Su coste supera los cuatro millones de pesetas, que son palabras mayores, y para conseguirlos, además de los desvelos de Luis López Martí y los suyos, surgen los nombres de Álvaro Gil y Antón de Marcos, al lado de los del Estado, la Diputación y algunos particulares más, de los que ya hemos hablado en este álbum.

Sobre la biografía de este “Filgueira Valverde de Lugo”, como lo llama Nicandro Ares, hay que pasar a grandes zancadas, porque son 98 años de intensa vida que en ningún caso se ajustarían al continente y porque son fáciles de consultar en lo esencial.

Estudia bachillerato en Lugo y Comercio en la escuela coruñesa. En ese tiempo hay que situar su amistad con los hijos de Carré Aldao, los Carré Alvarellos y su presencia en la Cova Céltica.

De nuevo en Lugo, es maestro, concejal y teniente de alcalde con Carlos Llamas y Ángel López Pérez, y posteriormente, interventor de la Diputación, jovencísimo académico adjunto a la Real de Galicia con 21 años y numerario, 35 años después.

Cuenta Dionisio Gamallo que en un martes de carnaval, el médico, poeta y etnógrafo Jesús Rodríguez López, el de las Supersticiones, se disfraza de coplero ciego para recitar poemas por las calles de Lugo, en medio de la algarabía propia de la fecha.

Para que nadie ponga en duda su ceguera, convierte a Vázquez Seijas en su lazarillo, aunque éste, más comedido que el falso coplero, trata de atenuarlo _ “¡Cállese, don Jesús, que nos van a cascar!” _, sin lograr que cesen las sátiras del médico.

Si los trabajos en pos del museo, al lado de López Martí, son el timbre de oro de su labor, no quedan lejos otras actuaciones, como la dedicada a divulgar y conservar el templo de Santa Eulalia de Bóveda desde 1926, el castillo de San Paio de Narla, las murallas y la arqueología romana de Lugo y su completo estudio sobre las fortalezas de la provincia, así como centenares de monografías que alcanzan a piezas, conjuntos y edificios, casi siempre circunscritos a las tierras lucenses.

En 1954, siendo presidente de la Diputación Rafael Sarandeses, se le concede la medalla al Mérito en el Trabajo y quizás por pensar que todavía le queda mucho por hacer, solicita que se posponga su entrega. El acto se aplaza hasta once años, cuando ya ha fallecido Sarandeses y casi nadie se acuerda de la distinción.

Fue socio de Mérito del Círculo, donde ejerce de senador en una famosa tertulia, preside los Amigos de los Castillos y pertenece a varias academias, entre otras representaciones. Fallece en 1982.

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