María Teresa Casanova renuncia a su familia

Propagandista de Franco en Argentina, a la monfortina le pagan con una beca que acaba en desastre

FUE LA VOZ más encendida de Buenos Aires en defensa del alzamiento en España, primero, y del franquismo después. Las emisiones de María Teresa Casanova (Monforte de Lemos, 1902), tan apasionadas, tan entregadas a la causa, le valen ser nombrada directora de muchos de los proyectos de propaganda argentinos a favor del Gobierno de Burgos.

Hay que citar Habla España, patrocinado por el Centro Acción Española, y los financiados por la Oficina de Prensa y Propaganda, como Madre Patria, Orientación española y Nuevas carabelas.

A todo ello hay que añadir abundantes columnas en el diario La Prensa y floridas conferencias, como la del Centro Gallego en el Teatro Colón de 1937. La joven periodista gallega comienza a ser conocida como “la pequeña García Sanchiz”, nada menos.

Esa época de María Teresa está hoy perfectamente estudiada y Carmen Martín Gaite se surte de ella para alguna cita en sus Usos amorosos de la postguerra española.

Teresa había llegado a la capital porteña tras pasar solo los nueve primeros meses con sus padre en Monforte y ahora se gana el puesto de agregada cultural en la embajada española, por lo que pasa a formar parte de la nomenklatura franquista en Argentina. El ascenso va a tener su momento culminante en 1948 cuando obtiene una beca del Instituto de Cultura Hispánica para recorrer España durante un año como escritora, turista y conferenciante. Advertimos que esto ocurre tres años antes de que llegue Fraga al Instituto; es decir, estamos bajo la férula de Ruiz Jiménez.

Su visita se anuncia como un gran suceso cultural, porque además ella se presenta como “sobrina de la eximia escritora Sofía Casanova” y nadie dice ni mu.

Pronuncia un discurso ante los micrófonos de Radio Nacional, se entrevista de tú a tú con Pilar Primo de Rivera y es recibida en audiencia por el general Franco. Casi ná. Allá donde va, a la sobrina de Sofía Casanova le acompaña el boato y el respaldo del régimen. Por ejemplo, en Pontevedra conferencia flanqueada por el gobernador Luis Ponce de León y el delegado de Educación Popular, Enrique Quesada Munuera, dentro de un ciclo que comparte con Carmen Conde, María Alfaro y otras.

La charlista, como también es conocida, promete una visita a Monforte y en el Círculo Victoria repite su conferencia más aplaudida, una evocación de Buenos Aires. Asisten el alcalde Francisco Arechaga, el párroco de la Régoa, Benigno Jul, el presidente del Círculo, Ángel Miroyo, autoridades civiles, religiosas y militares.

Todavía resuenan hoy a pie del castillo las lamentaciones que lanzan bienintencionados monfortinos por haber dejado escapar a María Teresa sin haberla hecho hija predilecta, como poco.

El año se acaba y María Teresa debe volver con la obligación cumplida y la beca agotada. La traca final va a ser otra conferencia, una entrevista con Manuel Fraga _ ojo de nuevo, con Fraga de Lis, no Iribarne _, y un rendido homenaje en el Centro Gallego, con Lobo Montero de oficiante curtido en mil pompas y circunstancias.

Esta vez la conferencia cambia de registro. Se titula Epílogo sentimental de un compromiso de honor, y promete mucha hondura.

Pero hete aquí que en éstas sale Joaquín Pérez Madrigal, masón y carlista a partes iguales, y dice que él sí es sobrino de Sofía Casanova, cuyo nombre es Sofía Pérez, y que a María Teresa Casanova no la conocen en su familia ni cuando hay que fregar.

A partir de ese momento no se vuelve a saber nada de esta apasionante mujer.

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