María Seibana, la polémica de las criadas de Lugo en Cuba

La escritora Eva Canel acusa a todas las lucenses de lujuriosas y pide que no las dejen salir de Galicia

EN LA HABANA del año 1920 se producen dos infanticidios simultáneos de los que se acusa a sus madres respectivas. Se da la circunstancia de que ambas mujeres son originarias de la provincia de Lugo.

Por allí anda la escritora asturiana Eva Canel, natural de Coaña y viuda ya del escritor Eloy Perillán y Buxó, que sin más mimbres que los citados lanza un ofensivo artículo contra las mujeres de Lugo que da origen a una encendida polémica en contra de la escritora y a favor de las lucenses.

Quienes dan origen al tiroteo periodístico son María Seibana (Lourenzá, 1899), y María Aira.

Con ánimo de resumir las docenas de artículos que se vierten durante unas semanas en torno a la culpabilidad innata de las lucenses, escogemos el siguiente párrafo donde se expone la principal acusación de Eva Canel en el Diario de la Marina:

“No sé si mi alma de mujer o mi alma de patriota, se subleva, contra el espectáculo que vienen dando mujeres que pertenecen en su mayoría a España y más en mayoría si aquilatamos, a la provincia de Lugo. Es necesario, muy necesario que en aquella provincia sobre todo, tomen las autoridades una providencia saludable: la de no permitir que salga sola para Cuba ninguna mujer que no sea llamada desde aquí por persona de absoluta responsabilidad acreditada fuertemente en el consulado”.

Se pueden ustedes imaginar cómo caen estas palabras entre los miembros de la colonia gallega. Eva Canel es señalada como delincuente, traidora, mala mujer, ignorante, racista y pésima escritora, amén de insinuaciones sobre comportamientos non sancta difíciles de confirmar.

La otra trinchera se establece en las cabeceras gallegas, especialmente Heraldo de Galicia y Eco de Galicia, que llenan ediciones con artículos en defensa de Lugo y de María, y en contra de Canel y del Diario de la Marina.

Manuel Fernández Doallo, fundador del Eco y director de ambos, piensa que la mejor defensa de María Seibana es publicar una entrevista con la mujer y que ella se explique, porque no es lo mismo acusar de asesinas a todas las lucenses, que sólo a ella.

María llega a la isla el 5 de abril de 1916 a bordo del trasatlántico Reina María Cristina. En Lourenzá deja a su madre y a dos hermanas. Hace dos años que trabaja en el hogar donde la prensa dice que se ha cometido el infanticidio, noticia que ella no lee porque sencillamente, no sabe.

Doallo le pregunta sin ambages sobre su responsabilidad en la muerte del niño y ella se echa a llorar negándolo como imposible. Mantiene un noviazgo desde hace un año, pero asegura que la criatura no es fruto de esas relaciones amorosas. ¿De quién entonces? La mujer guarda silencio. El lector sospecha entonces que María está protegiendo al padre de su hijo y al infanticida, que sería la misma persona, aunque hoy nada se puede asegurar con certeza.

Dice que nunca disimuló el embarazo y que el feto no podía pasar de los siete o siete meses y medio. Desde que siente los dolores de la expulsión hasta que se ve en una cama del sanatorio La Balear no recuerda nada, ni siquiera haber visto a su hijo.

“Juro ante Dios que yo no cometí ese crimen por el cual me acusan ni alcanzo a comprender los móviles que se me atribuyen”, termina diciendo María.

Por encima de su culpabilidad, Eva Canel mantiene su maldición contra las lucenses: “¡Sois un rebaño innoble de mujeres! Una docena de vosotras, bastáis para pervertir las miles de criadas que existen en la Habana”.

Ahí queda eso.

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