Darío Lamazares, al frente de 27.000 gallegos

Sale de Antas de Ulla con 14 años de edad en plena guerra y va a unificar las asociaciones gallegas de Buenos Aires

FUE UNO DE los albaceas designados por la Municipalidad de Buenos Aires para el traslado de los restos de Castelao desde la Chacarita al panteón de San Domingos de Bonaval.

El traslado tuvo lugar en 1984 y pocos meses antes lo entrevisto en la capital argentina, donde es una auténtica autoridad, ya que Darío Lamazares Pena (Antas de Ulla, 1923), está entonces al frente de 27.000 gallegos, un colectivo de mucha influencia.

Había nacido en Lebesende, un lugar de San Pedro de Queixeiro, muy cerca ya de la provincia de Pontevedra. Me narra su peripecia con una frialdad y un realismo que hoy, por fortuna, asusta: “A los catorce años mis padres me mandaron a Buenos Aires”. Las opciones tampoco son muy halagüeñas, porque quedarse en España, siendo el año 1938, significa casi dos años más de guerra y un incierto futuro.

Darío resume el contenido de su equipaje: “Mis manos que me servirán para trabajar, mi honestidad aprendida de mis padres y una tarjeta de presentación que mantengo, el orgullo de ser gallego”.

“Por lo tanto conozco bien el mundo de la emigración, pues tuve que luchar desde el principio con la tenacidad y el pundonor de todo gallego que no quiere volver fracasado a su tierra”.

Recuerdo a Lamazares en ese momento como un hombre corpulento, pero sin excesos; alegre, optimista, satisfecho de su trayectoria, a punto de cumplir los 45 años de estancia en América, y al mismo tiempo con la misma nostalgia de Galicia que el primer día. Tanto es así que al ser obligado por mis preguntas a bucear en sus recuerdos, el hombre está a punto de romper en lágrimas y sus palabras se entrecortan para decirme que “mi madre quería que volviese, y después de demorar mucho el viaje, cuando decido ir, ya hacía dos meses que había muerto”.

Tampoco ahorra emoción para hablar de su maestro en Antas, Benedicto García y García, “a quien le debo las bases fundamentales que luego me permitieron ir abriéndome camino en estas tierras. No sé que habrá sido de él, pero en cualquier caso quiero que sepa mi profundo agradecimiento”. Benedicto García continúa su actividad docente hasta los años setenta y dirige con gran acierto la iniciativa Pequeña Universidad de Antas, noticias que desconoce Darío.

El 9 de enero de 1943 se funda el Centro Lucense y ya lo hace, pese a su nombre, con intención de aglutinar a todos los gallegos. “Los domingos nos juntábamos con los que llevaban cierto tiempo allí y en la medida de lo posible se daban consejos o se establecían los contactos oportunos para organizar aquel contingente humano”.

El Centro llegó a tener quince organizaciones territoriales, de A Fonsagrada, Monterroso, Antas, Chantada…

Desde 1979, tres años antes de la entrevista con Lamazares, las distintas agrupaciones gallegas establecidas en Buenos Aires habían desaparecido como tales para dar forma al Centro Galicia, única entidad social, cultura y deportiva gallega de la capital.

Sus cimientos habían sido, además del Centro Lucense, la Asociación Gallega y los centros Orensano, Coruñés y Pontevedrés. Su primera directiva, que en el momento de la charla sigue siendo la que rige el organismo, la preside Lamazares.

Sus cifras lo dicen todo. 27.000 socios, 22 disciplinas deportivas en las que compite, 60 profesores del Colegio Santiago Apóstol y 21.500 metros cuadrados de instalaciones. “Somos la primera sociedad de Buenos Aires con diferencia”, resume su presidente con orgullo.

Merece la Orden del Mérito Civil y la medalla de bronce de Galicia y fallece en 2007.

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