Isidro Fernández Lugilde, secuestrado por Galvâo

Es uno de los 200 gallegos que viajan en el Santa María con el que el militar intenta poner en jaque a Franco y a Oliveira

HENRIQUE GALVÂO, POLÍTICO y militar portugués, diseña la Operación Dulcinea para denunciar las dictaduras de Oliveira Salazar en Portugal y de Franco en España, y propiciar un alzamiento de las tropas lusas en África contra Oliveira, casi como en el 18 de julio español. Con Galvão están al mando de la operación los gallegos Xosé Velo, alias Carlos Junqueira de Ambía, y José Fernández Vázquez, alias Jorge de Soutomaior.

Se lograría a través del secuestro del paquebote Santa María, de la naviera portuguesa Companhia Colonial de Navegação, que hace la ruta Lisboa – La Guaira (Caracas) – Curaçao – Miami, muy utilizada por pasajeros gallegos con destino a alguno de esos puntos. Isidro Fernández Lugilde (Lugo, 1895), fue uno de ellos y la experiencia le cuesta un regreso plagado de incertidumbres.

Cuando todo acaba y los 200 pasajeros gallegos llegan a Vigo a bordo del Vera Cruz, Isidro aparece en la escalinata del barco con una jaula y un canario comprado en Maracaibo, por lo que se convierte en una de las imágenes del desembarco.

Testigos de su llegada son once familiares _ hijos, nietos y hermanos _, y un periodista, Juan María Gallego Tato, que ha sido enviado por El Progreso para que lo cuente a los lectores a través de cinco reportajes. Le acompaña el periodista gráfico Ángel Llanos. No puede sospechar que años después, al frente de la información gráfica de El Progreso va a estar un sobrino de quien ahora atrae los objetivos de todas las cámaras, José Luis Tejero Fernández.

Isidro pertenece a una conocida familia lucense. Curiosamente, uno de sus hermanos tiene su mismo nombre y regenta la carnicería de carne de caballo que existió en San Fernando, detrás de la iglesia de San Froilán. Otra, Isaura, se ha casado con el capitán Mariano Tejero Ruiz y son padres de los Tejero Fernández.

Isidro decide viajar a Venezuela para visitar a uno de sus hijos, Isidro Fernández Vigo, que se encuentra allí. También van en el barco más lucenses, como Pablo Blanco Castro, que vivió 28 meses en la localidad venezolana de San Tomé, y Ángel Rodríguez Vázquez y su esposa, de Guntín.

Los días 20 y 21 de enero de 1961, Galvâo y los veinticuatro hombres que ha reclutado para la operación suben en las escalas de La Guaira y Willemstad (Curaçao) con la intención de apoderarse del barco rumbo a San Juan de Puerto Rico el día 22, como así ocurre. El golpe cuesta una víctima mortal, el tercer piloto João Nascimento Costa, y otros dos marinos que intentan avisar al capitán Mario Simões Maia, resultan heridos.

Los pasajeros son informados de que el paquebote ha cambiado de manos. Galvâo no les inspira tanto temor como algunos de sus piratas más jóvenes, por miedo a que precisamente por su edad se lancen a cometer alguna barbaridad. Ellos reciben las órdenes de alguien que se hace llamar Carlos Junqueira de Ambia (Velo).

Los tres lucenses pudieron cambiar impresiones muchas veces durante los días que dura el secuestro, navegando en zig zag en medio del Atlántico para no ser detectados. La información que Galvâo les hace llegar es cambiante y contradictoria. Les promete grandes recompensas, pero no parece que vayan a salir nunca del mar. Les anuncia que se han sumado buques de guerra a la revolución y que no intenten hacer ninguna señal.

El calor es asfixiante, el agua escasea y cada vez hay menos alimentos. Un joven llega a perder ocho kilos en la travesía.

Isidro vuelve a pisar tierra gallega el 13 de febrero.

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