C. Peregrín Otero, embajador en Berkeley

El lingüista de Lourenzá deja su cargo en Asuntos Exteriores para hacer una nueva carrera universitaria

LA LINGÜÍSTICA NO es su primer interés universitario, pero en las vueltas que da la vida acaba por encontrarla, y no de las manos de cualquiera, sino directamente de las de Noam Chomsky.

Peregrín Fernández Álvarez y su esposa, María Otero Estua, tienen dos hijos, Carlos-Peregrín Fernández Otero (Lourenzá, 1930) y María Dolores. El primogénito es un magnífico alumno que acabada la guerra hace el bachillerato en Lugo y marcha a la Universidad Central para estudiar Derecho, Políticas y Económicas.

Gana unas oposiciones al Ministerio de Asuntos Exteriores y siendo consejero letrado de Cultura Hispánica y secretario de la Oficina de Cooperación Intelectual, cuando parecía que su futuro profesional estaba encauzado, retoma el aprendizaje universitario en el State Teachers College, de Kirskivilie (Missouri) para obtener el título de Arts Master.

Posteriormente, en la universidad californiana de Berkeley descubre la revolución lingüística que propone Noam Chomsky, un coetáneo tan solo dos años mayor que él, y se entusiasma.

Tanto es así que se convierte en el traductor al castellano de la obra fundamental de Chomsky en aquellos años, Aspectos de la teoría de la sintaxis, publicada originalmente en 1965 y que gracias a él llega a España en 1971 (Aguilar).

Poco antes de que aparezca el libro, Carlos-Peregrín lo comenta para El Progreso en una entrevista con Ángel de la Vega. Son las primeras referencias a Chomsky en España. “Yo lo considero como uno de los autores, en su especialidad, más geniales que conozco. Espero que cause un gran impacto, no sólo en lo que a lingüística se refiere, sino en otras ramas del saber, como la filosofía y en la psicología”.

Por otra parte, en el verano de 1960, Carlos-Peregrín había defendido su tesis doctoral sobre Luis Cernuda, que está en México, y organiza una visita del poeta a la universidad californiana de Los Ángeles.

Ese interés por su obra despierta en Cernuda nuevas ansias por crear que deben figurar en el haber de nuestro personaje. Será su última etapa, pues fallece en 1963. Sus estudios sobre el poeta sevillano, así como los de Elisabeth Müller, Philip Silver y Derek Harris, acaban por situarlo en el lugar que le corresponde dentro de la generación del 27.

Fernández Otero también hace literatura, investigación lingüística y periodismo, algunos de cuyos trabajos se publican en El Progreso, como la serie Gallegos por el Mundo, en la que investiga a Vicente Fernández, su paisano de Lourenzá, padre de Juana de Ibarbourou, y unos reportajes sobre Nueva York.

Ya es profesor de Lingüística y Literatura Española en Berkeley, cuando el 1 de julio de 1965 es elegido para ser director adjunto del Centro de Estudios de dicha universidad en Madrid durante un plazo de dos años y se casa con Carmen García.

Sus obras Letras I, editada por la Tamesis Book Limited, de Londres, y Escritos Lingüísticos I, son los primeros tomos de una serie de ensayos sobre estas materias. También escribe Lingüística formacional, que ya avanzó en un trabajo aparecido en Grial el año 1964 y sobre la que imparte un curso en el Centro de Transformación y Ciencia, de Madrid.

En esos años tiene un desencuentro con la censura franquista cuando le sugieren que utilice a Virgilio y no al Che Guevara en una cita. Defiende la teoría de que el gallego representa un estadio anterior del castellano.

Llega a ser profesor emérito de la universidad californiana y se da su nombre a una calle de Vilanova de Lourenzá.

Comenta