García Portela, la excelencia en cirugía

A Lugo acuden pacientes de otras provincias atraídos por su fama como médico

EN MARZO DE 1960 la primera sede social del Real Aeroclub de Lugo se establece en el domicilio de su presidente, Manuel García Portela (Riós / Ourense, 1904), situado en la avenida que hoy lleva su nombre y en el sanatorio que allí levanta Alfredo Vila López en 1946. Treinta y tres años después, también en marzo, su hijo, Francisco García Díaz, que es nombrado socio perpetuo de ese club cuando muere su padre, descubre la supernova SN1993J desde la terraza del referido y emblemático edificio.

García Portela había nacido efectivamente en Vendas da Barreira, de Riós, como otro médico de gran renombre en Lugo, Ulises Romero García. Acaba Medicina el año 1928 en Madrid y es ayudante de cirugía del doctor zamorano Laureano Olivares y Sexmilo, una de las eminencias de la primera mitad del XX en España.

Becado por la JAE, Junta de Ampliación de Estudios, perfecciona conocimientos en las ciudades alemanas de Heilderberg y Tubinga. Allí se encuentra al estallar la guerra, pero él se ofrece al bando franquista en Verín, aunque es rechazado por no haber plaza de cirujano. Insiste en Burgos y es destinado al Hospital Militar de Griñón (Madrid), llegando al grado de capitán.

Después de unos años en Madrid y Palencia, se instala en Lugo, donde en poco tiempo adquiere un gran prestigio profesional. En 1943 es cirujano del Hospital provincial y su participación en la vida social de la ciudad es cada vez mayor debido a su fama como médico que atrae a pacientes de otras provincias.

Así lo encontramos al frente de la gestora del aeroclub que impulsa Ramiro Rueda, aunque como alcalde no puede presidir. Páramo Fernández, Pardo Ouro, Rivera Manso, Cruz Lamas, Aniceto Puente, Velayos, Tomé, Campoy, Pallín, Arias, Abelleira o López Rábade, son algunos de los que lo acompañan en la aventura. La sociedad tiene 300 socios y nace con un triple objetivo, dotar de unas instalaciones al aire libre para sus socios, conservar el campo de aviación de Rozas y mantener la ilusión de ver que algún día regresan allí vuelos comerciales, como los que aterrizaron la década anterior.

Participa en numerosas asambleas y simposios de Europa y América, e interviene en operaciones al lado de los más prestigiosos cirujanos de Canadá, Bélgica, Holanda, Francia, Alemania y la República Árabe Unida.

Fue director del Hospital Provincial y decano de la Beneficencia. Era numerario de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Galicia y Asturias, de la Sociedad de Cirugía de Galicia y de la Sociedad Internacional de Cirugía, así como presidente del Sindicato de Actividades y del Colegio Médico. También encabeza el comité técnico de la Asociación Española contra el Cáncer.

Casado con Esther Díaz López, el 11 de mayo de 1966 debe viajar con ella y con el doctor Pérez Mel, jefe provincial de Sanidad, para asistir en Madrid a una reunión del Consejo General de Colegios Médicos. Finalmente sólo le acompaña su sobrino político Dositeo Bal Piñeiro, administrador del Sanatorio Portela y gerente del Garaje Villares. Cenan en Arévalo y en las cercanías de Villalba, el automóvil que conduce se estrella contra un autobús de viajeros que circula en dirección contraria, falleciendo ambos.

Fernando Pardo Gómez se encarga de transmitir la noticia a su viuda, y los doctores Sarry y Ulises Romero se desplazan a Ávila para hacerse cargo de los cadáveres, con el fin de trasladarlos a Lugo, donde una gran multitud participa en sus honras fúnebres.

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