Ramón Santeiro, el poeta en la sombra

El abogado de Mondoñedo trajo a la ciudad las vanguardias y abrió los ojos a Cunqueiro y a su generación

HAY UNA DEUDA pendiente con José Ramón Santeiro Faraldo (Mondoñedo, 1908). Fue uno de los más destacados miembros de la Generación del 36, poeta exquisito, padre literario de Cunqueiro y Díaz Jácome, y sin embargo, con una obra olvidada y desperdigada. Eso señala el camino de cómo podría ser saldada.

En 1907 se casan en Mondoñedo Jesús Santeiro García, agente de negocios, y Amanda Faraldo Beltrán, sus padres. Él estudia el bachillerato en Madrid con constantes viajes al valle del Masma.

Es un alumno brillante, el que más de las Escuelas Pías, y prueba de ello es su papel en las veladas literarias y actos solemnes, donde se reparte el protagonismo con Amalio Gimeno. En Sexto curso llama la atención por su oratoria y en el Instituto Cardenal Cisneros, Amalio, él y Felipe Ruano son los únicos que logran el premio extraordinario de bachillerato en Letras y Ciencias.

Estamos en 1925 y Santeiro opta por hacer Derecho. Es directivo de la FUE con Otero Espasadín y ambos saltan a la prensa porque rechazan que se aplique el aprobado general.

En pocos años pasa de las aulas a codearse con los más influyentes intelectuales, a estar presente en todas las revistas poéticas que nacen al albur de la República y a divulgar en Mondoñedo noticias de las vanguardias que asombran a Cunqueiro, Díaz Jácome, Trapero, Pepe Cigarrón, Raimundo Aguiar, César Seco, Aquilino, los hermanos Martínez, Pepe Álvarez Gallego y al resto de escritores incipientes.

El modernismo de Santeiro les deslumbra. Un día les lee un trabajo que acaba de publicar, “Chewing gum o el chocolate canónico de las seis”. ¡Cómo no maravillarse, si hasta parece una herejía!, como dijeron los mayores. Ante ellos despliega la obra de Unamuno, Juan Ramón, Cernuda, Guillén o Alberti para que Álvaro exclame: “Qué nuevo se hizo el mundo”.

Santeiro vive en otra dimensión. Ya es funcionario del Ministerio de Comercio y por las tardes asiste a las tertulias en el domicilio de María Zambrano, con José Antonio Maravall y otros.

El círculo de amistades crece y así en 1931 encontramos un poema suyo al lado de otro de Miguel Hernández en la revista Destellos, que edita en Orihuela el gran amigo de éste, Ramón Sijé y que también publica en ese número.

El 2 de mayo de 1933, El Sol anuncia en portada que en la página 2 publica versos inéditos de Santeiro.

Eso quiere decir que está en la cresta de la ola. Sus versos aparecen en Mirador, con Valbuena i Prat y Gerardo Diego; en Hoja Literaria, con Zambrano, Federico Muelas y Ramón Gomez de la Serna; en Murta, en Boletín último o en la Revista Nueva, con Juan y Leopoldo Panero, cuyos ejemplares envía a Mondoñedo para que los lea Aquilino Iglesia Alvariño, también atrapado por su luz.

Cunqueiro habla por primera vez en público con Santeiro a su lado, como escudo protector contra los nervios; Gamallo lo presenta en un recital que se celebra en el Centro Gallego de Madrid y él, con solo 24 años, es uno de los organizadores del homenaje a Luis Recanséns Siches, con Sánchez Albornoz, Maura, Joaquín Garrigues, Negrín, Justino de Azcárate y Arturo Soria.

Dentro de la deuda a pagar inclúyase también una biografía competente, más allá de estas notas deslavazadas que dé a conocer quién fue Santeiro Faraldo hasta que una temprana muerte trunca su poesía a los 52 años.

Trapero le escribe la necrología con los ojos llorosos por el recuerdo de aquellas reuniones en las que Santeiro es el profeta de la palabra nueva y ellos, los discípulos ansiosos de aprender.

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