Daniel de la Fuente, profeta de la pandemia

El periodista escribe La ciudad podrida, una novela donde se plantea la mutación animal

AL LEER LA frase publicitaria que encabeza la novela La ciudad podrida, publicada por Ediciones 29 en 1984, a la cabeza llegan ecos de lo está ocurriendo en el mundo, porque sea o no exacto el origen de la pandemia, a todos nos lo sugiere.

Dice la referida frase: “Centrales nucleares y complejos petroquímicos generan espantosas mutaciones animales. ¿Estamos ya ante el principio del fin”.

El autor de la novela es el periodista Daniel de la Fuente Torrón (O Corgo, 1933), un lugar de nacimiento que a veces alterna con San Vicente de Coeo (Lugo), su casa familiar, y con Torre del Bierzo, en León, porque en ese momento su padre trabaja como empleado de la RENFE entre Laxosa y ese otro enclave leonés. Lo cierto es que Daniel siempre se tuvo por lucense.

Un nuevo destino del progenitor en Tarragona obliga al traslado de la familia el año 1936 y allí se establecerá durante toda su vida profesional.

Pese a que su familia quiere que entre como aprendiz en Gas Tarraconense SA, su vocación se ha despertado muy pronto y ya en 1954 firma colaboraciones en El Progreso, pues aunque vive en Tarragona, mantiene una constante relación con el diario de Lugo.

Con todo y eso, su padre lo apunta a las pruebas que servirán para seleccionar a los nuevos trabajadores de Gas T. Daniel acude, pero deja el examen en blanco. Es su forma de decir que él aspira a ser periodista, Algo nada sencillo, como pudiera pensarse.

La falta de recursos en su familia y la vinculación con la compañía ferroviaria le lleva a organizar un particular régimen de estudios en la Escuela de Periodismo de Barcelona, a donde también acude en un curso superior al suyo otro alumno lucense, Salvador Castro Gallego, que será subdirector de El Progreso.

Ya que no puede pagarse ni colegio, ni pensión, ni piso, Daniel hace diariamente el recorrido a la Escuela en tren, ida y vuelta, lo que supone un total de 160 kilómetros.

Cuando acaba la carrera, en 1959, Daniel ha reunido más de mil billetes de ferrocarril y en su experiencia acumula 150.000 kilómetros recorridos, o lo que es lo mismo, tres veces la vuelta al mundo, tal como refleja una noticia de agencia que se divulga ese año.

Como homenaje y recuerdo a sus esfuerzos, Daniel construye un marco con los billetes para albergar en él su título de periodista. Hablando con un colega de lo que ha supuesto su carrera, el nuevo informador asegura que le ha servido para conocer los tics y maneras de los viajantes, novios, turistas “y hasta de los interventores del tren”. Lógico.

Se casa, tiene seis hijos _ Dani, Pili, Imma, Albert, Óscar y Alejandro _, y entra en la plantilla del Diario Español, de Tarragona. También es corresponsal en esa ciudad de la agencia Pyresa, que publica en todos los periódicos de la Cadena de Prensa del Movimiento.

Una característica de sus más de 30.000 artículos radica precisamente en sus dotes de observación y en el interés que demuestra por analizar cómo interpretan los catalanes y los gallegos los distintos aspectos de la actualidad. “De la misma forma que el catalán es desconfiado, el gallego es, para un catalán, extremadamente abierto”, opinaba.

También fue un buen reportero gráfico a partir de una primera Kodak de baquelita que adquiere.

Además de la novela ya citada, escribe una veintena de obras que permanecen inéditas, de las cuales avanza el título de dos de ellas, Las vergüenzas de España y Memorias de la Galicia profunda.

En 1986 regresa a Coeo, donde fallece el año 2012.

Comenta