Carlos Casanova, el poeta frágil

El escritor de Outeiro de Rei fallece hace 16 años, cuando acaba de escuchar que es el nuevo premio Puro Cora

EL 2 DE febrero de 2005 permanece en mi memoria con la firmeza indestructible de las fechas trascendentes. Aquella noche nos reuníamos los miembros del jurado del Premio Puro Cora para fallar su XII edición.

La candidatura de Carlos Casanova Santos (Outeiro de Rei, 1955), se abrió paso entre las restantes ganando la voluntad de los reunidos con rotunda unanimidad, como a los jurados les gusta que ocurra para acabar antes su trabajo.

Como secretario del mismo, mi inmediato y habitual cometido es ponerme en contacto con el ganador, felicitarle y avisarle que en fechas cercanas se le comunicaría la celebración del acto de entrega, donde tendría un momento para intervenir brevemente.

Carlos recibe la noticia muy emocionado. Siempre he pensado que quizá no utilicé las mejores palabras para expresarme, aunque la verdad es que la fórmula no cambia de año en año, sea cual sea mi relación con esa persona. En este caso nos tratábamos como amigos desde hace muchos años. No tantos como con su hermano Luis, compañeros de Ingreso en el bachillerato, pero sí los suficientes como para haber sido menos protocolario.

Sin embargo lo fui porque me parece lo apropiado: “El jurado del Premio Puro Cora ha considerado que en la presente edición lo mereces tú”. Aquí puede haber una pequeña diferencia respecto a quienes no trato y con los que empleo el usted, pero nada más.

Le anuncio también que en unos minutos le llamará un redactor para recogerle sus primeras impresiones sobre el galardón y escucho su decir quedo de agradecimiento. Nada que deba alarmarme, porque Carlos habla con la dulzura de su poesía, como el espíritu de Rembrandt y la finura del pelo de Van Gogh.

La noticia de su fallecimiento, recibida todavía cuando el jurado se autofelicita por el fallo, fue una piedra en el estanque y la conmoción era general.

Carlos es un poeta exquisito y un articulista sutil. “El soneto 128” con el que gana, lo corrobora sin dudas. Sus méritos literarios ya habían sido reconocidos por otros galardones como el Esquío y brillan gracias a una serie de libros en donde da rienda suelta a una sensibilidad, a unos afanes estéticos y a un lirismo poco comunes.

A Carlos no le llaman la atención las abigarradas parafernalias, sino los gestos imperceptibles; no se emociona ante grandiosos paisajes, sino en presencia de briznas caídas entre los recodos de los caminos; no precisa de las grandes sinfonías para disfrutar de la música, bastan unas cuantas notas en el aire para que su elevado espíritu encuentre sentido a la estancia terrena.

Admira a músicos, pintores y poetas que son referencias constantes en sus escritos, y aspira, como ellos, a captar la belleza de un instante. En su último artículo, no el premiado, Carlos aboga para que la pureza, la risa y el amor impongan su ética y su estética en las relaciones humanas. ¿Quién dice hoy estas cosas? ¿Quién se queda en el campo de batalla oponiendo lirismo a terrorismo, como él hace en el artículo premiado?

¿Quién lo hace, mucho menos, dieciséis años después de su fallecimiento en un mundo crispado por los propios acontecimientos y por voluntad de cuatro insensatos con poder?

Carlos era en efecto un ser delicado cuyo mensaje de paz y sosiego se agranda con su súbita muerte cuando su quehacer periodístico, tan raro, tan particular, tan escaso, había conseguido el reconocimiento de sus lectores y la vanagloria del premio. Su “Solo de flauta”, su sección en El Progreso, resuena ahora en los espacios celestiales.

3 Comentarios a “Carlos Casanova, el poeta frágil”

  1. Fernando Casanova Santos

    Muchísimas gracias por el recuerdo tan bonito hacia mi hermano Carlos.
    Un cordial saludo.

  2. Sara santos

    Un primo muy especial Una gran persona y su recuerdo siempre estará en nuestros corazones
    Gracias

  3. Cora

    Gracias a ti. Me alegra que os haya gustado. Saludos.

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