Silva de Castro, abanderado de la pena de muerte

El religioso integrista de Sarria ocupa importantes puestos académicos en Brasil

FUE UNO DE los intelectuales más destacados de Latinoamérica como lo demuestra haber estado al frente de la Biblioteca Nacional de Brasil.

Pero también porque fue decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Gama Filho, canciller del Tribunal Eclesiástico Archidiocesano de Río de Janeiro, catedrático de Metafísica y rector de la Escuela de Altos Estudios Culturales de Brasil, además de firmar libros, artículos y conferencias.

Emilio Silva de Castro (Sarria, 1902), nace en Santa María de Lier en el seno de una numerosísima familia a la que pertenecen otros eruditos y religiosos.

Terminados sus estudios de bachiller en Santiago, se doctora en Filosofía por la Academia Romana de Santo Tomás de Aquino. El año 1926 se ordena como sacerdote y un año antes gana en Pontevedra el primer premio del certamen conmemorativo del Concilio de Nicea, con el trabajo Estado de la Iglesia de Galicia en el siglo IV. En Roma publica El plan de estudios de las Universidades españolas del año 1924.

Poco después se desplaza a Brasil para dirigir un colegio en Piauí fundado por el obispo burgalés Inocencio Sánchez Santamaría, de donde pasará a ser rector de la escuela ya citada.

En sus varios viajes a España, el padre Silva suele residir en Baamonde, donde vive su hermana, la maestra nacional de Pacios, Rita Silva, y su marido, el comerciante Florentino Varela García.

En uno de esos viajes recorre media Europa e interviene en las II Jornadas de Literatura Hispánica, que se celebran en Santiago, con el tema Hispanohablantes, libros españoles y Literatura española en el Brasil actual.

Alguno de sus libros de mayor repercusión fueron el Manual de piedade cristiâ, Filosofías da hora e filosofía perene, Libertad religiosa y estado católico o Amor Ruibal, genial renovador de la filosofía cristiana.

A sus artículos breves sobre Teología y Filosofía, hay que añadir las colaboraciones en la Enciclopedia Espasa y en el Dictionaire de Théologie Catholique, de Amann, Vacant y Mangenot, y otras.

En varios de sus trabajos _ especialmente en Filosofías… _, analiza y divulga el pensamiento del filósofo gallego Ángel Amor Ruibal, gana un premio por un estudio sobre José Martí y organiza una magna exposición con motivo del centenario de Marcelino Menéndez Pelayo, pero desde el punto de vista mediático el sarriano va a convertirse en una referencia mundial por su campaña y sus libros a favor de la pena de muerte, con toda la polémica complejidad que el tema acarrea.

Lo hace además en unos momentos en los que la mayoría de los pensadores, dentro y fuera de la Iglesia, se pronuncian en contra de la pena capital.

Vaya por delante que los trabajos del padre Silva, como no podía ser de otra forma dada su formación intelectual, están lejos de ser arrebatados o apasionados. Muy al contrario, pretenden abordar la polémica con la mayor erudición posible para invertir la defensa del delincuente en la defensa de sus víctimas.

Los títulos de sus dos obras principales en ese sentido sorprenderán al lector por la contundencia de sus planteamientos: Legitimidad de la pena de muerte y Pena de muerte, ya.

Lo que no extrañará tanto es que Silva de Castro forme parte de la corriente integrista de la Iglesia que con la llegada de la democracia defiende la unidad católica de España y en la que con él se encuadran los catedráticos José Orlandis, Tomás Marín, Rafael Gambra, Victorino Rodríguez, Álvaro d’Ors y el obispo José Guerra Campos.

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