Luis Mendaña, el héroe más joven

El verano de 1958 está a punto de acabar en tragedia, pero un niño de diez años la evita

EL VERANO DA sus últimos coletazos, pero ya se sabe que en Lugo hay dispensa para no empezar el curso hasta despachar el trámite festivo de los sanfroilanes, por lo que algunas familias prolongan al máximo sus sanciprianes.

Dos de estas familias son los Mendaña de Lugo, y los Sampedro de Oviedo, ambas con tradición estival en aquel San Ciprián tan añorado y que se prolonga en el actual San Cibrao.

Son las nueve y media de la noche del 16 de septiembre del año 1958, martes de la semana. Los niños mantienen sus juegos hasta ser llamados a la cena. En esas circunstancias están Luis Mendaña Pardo (Lugo, 1948), María del Pilar Sampedro, de tan solo dos años y un grupo de amigos hasta la decena. No está, y es raro porque siempre van juntos, el hermano gemelo de Luis, Tino, que ya toma en casa la última comida del día.

A uno de los chicos le han puesto como el padre, Luis Mendaña Vergne, y al otro, Celestino, como su abuelo materno, Celestino Pardo, padre de Teresa Pardo Castiñeira.

En esta ocasión, como en otras muchas, los niños juegan entre el puerto y la Rúa da Capela, la última tierra firme frente al islote de la Anxuela, que es su dique natural. En el puerto también está Francisco Sampedro, tío de Pili; y no lejos, una pareja de la Guardia civil.

Los niños corren, se escapan de quien la queda, juegan a esconderse y a pillarse. Ya es noche cerrada y el límite del puerto se dibuja con una línea confusa, máxime para infantes en algarabía.

María del Pilar ha pisado en el aire y ya se va hacia el agua sin remedio, pero en el último instante la niña se agarra a Luis, y Luis a ella, de tal forma que los dos caen al mar desde una altura de cuatro metros. Sus compañeros se dan cuenta de lo ocurrido, pero no saben si han sido uno, dos o más los precipitados.

Gritos de alarma y carreras hasta donde se encuentra Francisco Sampedro. Presienten lo peor. Sobre todo por Pilar, ya que Luis, si no se ha golpeado la cabeza contra la piedra de la construcción, se puede defender porque con sus diez años es fuerte y nada muy bien.

El hombre llega al borde de puerto, pero no puede ver lo que ocurre abajo, así que no lo duda y se arroja al agua detrás de su sobrina y de su amigo, mientras el resto de la pandilla lo observa con el corazón en un puño.

Así que todo pase, al cabo de unos días, un periódico titulará: “Cuando todos suponían que se había ahogado… apareció Luisito sosteniendo a María del Pilar”.

Así fue. Con Francisco sumergiéndose una y otra vez hasta el fondo y los dos guardias a la expectativa, uno de los niños observa que por la cara interna del puerto avanza Luis hacia la playa, nadando con un brazo y sosteniendo con el otro la cabeza del María del Pilar.

_ ¡Está aquí! ¡La ha salvado! ¡Luis ha salvado a la niña!

La alegría es inmensa. Pilar ríe, inconsciente del peligro que ha pasado. Luis logra hacer pie cuando ve “a un señor con una lancha”. Lo ha logrado.

Al héroe le imponen la Medalla de Bronce de Salvamento de Náufragos en un acto que preside el comandante militar de Marina del Ferrol, José Luis Pérez Cela, acompañado del hombre con mayor experiencia de España en salvamento, Luis Cebreiro, ayudante del Sector de Viveiro y fundador de los Flechas Navales; el alcalde de Cervo, Arcadio Pardiñas, el párroco Rosendo Teniente y otras autoridades.

El comandante asegura que es el único caso de salvamento realizado por un chico de su edad. La Junta de Protección de la Infancia también le concede un premio de mil pesetas.

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