La señorita Gayoso, cien años de enseñante

ESTÁ A PUNTO de alcanzar los 102 años de edad, tres cuartas partes de los cuales los vive en San Fernando, La Isla gaditana por antonomasia, donde deja un recuerdo imborrable como profesora y como persona.

Uno de sus exalumnos y más tarde compañero de claustros, Pedro Tuero, ha solicitado una calle para ella. Veremos como se comporta con la profesora lucense la alcaldesa Patricia Cavada.

María Adela Gayoso Cancela (Lugo, 1916), estudia Filosofía en Santiago y Madrid cuando lo hace un número de mujeres que se pueden contar con los dedos de la mano. No son los años heroicos de Concepción Arenal, pero casi.

Su padre, José Gayoso Lois, ejerce la abogacía en Lugo y es presidente de la Juventud Antoniana. Aquí se casa el año 1913 con Josefa Leiro Cancela. Más adelante será secretario municipal en los ayuntamientos de Cesuras, Monforte de Lemos, Oleiros y ya iniciada la década de los cuarenta, en Cádiz, motivo por el cual Adela se vincula para el resto de sus días a aquellas tierras.

Al mismo tiempo, su hermana Josefina se casa con el periodista Enrique Santos Bugallo y son padres de una numerosa prole, entre la que se encuentra el historiador Enrique Santos Gayoso, especialista en historia de la prensa gallega, sobre la que ha publicado una serie monumental. Su abuelo, Enrique Santos Couceiro dirige El País Gallego, de Santiago, y su padre, La Hoja del Lunes coruñesa.

Por su parte, Adela también vive unos cuantos años en Madrid y en alguna entrevista que le hacen con motivo del centenario, en 2016, dice que a veces no sabe si es gallega, andaluza o madrileña. Es una forma de hablar, porque ella no perdona su visita anual a Galicia.

Le gusta tanto venir al norte como enseñar, y ese disfrute por transmitir conocimientos se le nota a través de las docenas de generaciones de alumnos que pasan por sus manos.

La señorita Gayoso, como la bautizan desde los primeros años, es profesora en las Carmelitas, la Compañía de María, las Esclavas de Cádiz, el Patronato de Enseñanza Media Rafael Estrada Arnáiz, los institutos Isla de León y Wenceslao Benítez; es decir, en buena parte de los centros de enseñanza privada, concertada o pública.

Sus exalumnos dicen como timbre de gloria haber recibido clases de la lucense y muchos mantienen contacto con la profesora muchos años después de abandonar los colegios e institutos. Igual que ella, añoran los antiguos planes de enseñanzas y como suele ocurrir en las cuatro esquinas peninsulares, su conclusión es que aquella enseñanza supera en todo a la actual.

De todas formas admite que en todos los tiempos hubo alumnos y profesores cretinos, “de Creta”, añade para suavizar.

“Siempre he sido de la vieja escuela. No sabría hacerlo de otra forma”. Eso quiere decir que en sus clases hablaba ayudada de alguna nota para no perder el hilo, y los alumnos escuchaban y tomaban apuntes. Sus pupilos afirman que era muy fácil aprender con ella, bastaba estar un poco atento a su característico hablar gallego, porque la asignatura la daba como en papilla.

Sus materias cubren todo el espectro de Humanidades: lengua, literatura, historia, geografía, latín y griego, aunque su favorita es la historia del arte, que no siempre la puede impartir.

“Al principio impresiona un poco esto de cumplir cien años _ declara entonces María Adela _, pero luego… bueno, pues solo son dos ceros”.

También llega a los 101 años, pero meses después, fallece.

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