Elías Valiña, primeras etapas del Camiño moderno

El párroco de O Cebreiro inicia con su tesis el nuevo impulso a la peregrinación jacobea

EN LAS BIOGRAFÍAS de Elías Valiña Sampedro (Sarria, 1929), se destaca, con mayor o menor detalle, que él es quien siembra el Camino Francés de flechas amarillas. La flecha ha llegado a ser el símbolo y la bandera del hombre, como lo demuestra la portada del libro que le dedica Lois Celeiro.

Y aunque en un primer análisis pueda parecer un detalle menor, lo cierto es que constituye una imagen breve, certera y representativa de todo lo que este hombre hizo por la peregrinación desde que el año 1959 es designado como titular de la parroquia Santa María do Cebreiro, en Pedrafita, porque detrás de cada una de esas flechas están cientos de horas de estudio, docenas de kilómetros pateados, innumerables documentos consultados.

Elías nace en Mundín, dentro de la parroquia de Santa María de Lier, a pie del Camino en la tradicional etapa entre Samos y Sarria. Estudia en el Seminario de Lugo y prolonga su formación licenciándose en Derecho Canónico por la Universidad Pontificia de Comillas, para más tarde ser doctor por la Pontificia de Salamanca, en 1959 y 1965, respectivamente.

Su tesis es “El Camino de Santiago: estudio histórico-jurídico”, que recibe el premio Antonio de Nebrija de 1967 y es publicada por el CSIC en 1971. Este trabajo es el pivote en torno al que se asienta la aportación de Valiña a la peregrinación jacobea.

Pero el inicio del camino tiene más etapas. Ese texto llega a manos del padre Tomás Marín Martínez, vicedirector del Instituto de Historia Eclesiástica Enrique Flórez, perteneciente al CSIC, quien le sugiere y anima a que lleve a cabo la catalogación de los documentos existentes en los archivos parroquiales y municipales de toda Galicia, así como un catálogo gráfico de monumentos, edificaciones privadas, escudos, pazos, etc.

Un trabajo inmenso que apoya decididamente el decano de la Facultad de Derecho de Comillas, el medievalista Antonio García García, y que Valiña ya había comenzado con objeto de elaborar su tesis.

Como es de imaginar, el trabajo necesita fondos y alguien que los provea. El sacerdote lo desvela para los lectores de El Progreso, aunque en aquellos años todos podían sospecharlo. “¿Quién ha sido el mecenas?” _ le pregunta Rivera Manso. Y Valiña responde: “Un hombre al que Galicia, y Lugo sobre todo, tanto deben: don Álvaro Gil Varela. Don Álvaro, siempre interesado por cualquier cuestión que sirva para elevar a esta Galicia nuestra, no ha dudado un momento en patrocinar mi trabajo”.

Se le ve entusiasmado, sabedor que sus esfuerzos van a tener un gran eco internacional y una enorme repercusión en Galicia y en su economía. Carmelo Lisón Tolosana acaba de conferenciar en Grecia sobre la mujer gallega y Valiña está encantado del interés despertado. “Este hombre _ dice refiriéndose a Lisón _, tiene escritas más de cinco mil cuartillas sobre nuestra región”. Era una manera de resumir el éxito de lo gallego.

En ese momento afirma que ya ha catalogado un centenar de parroquias, especialmente de Chantada, Lalín y Silleda, tiene centenares de fotografías y espera nombrar colaboradores para acabar en dos años. ¿Acabar? Imposible. Por delante está la restauración del poblado de O Cebreiro, el Museo, el camino…

Él y su sobrino José Valiña están a punto de iniciar el reparto de flechas amarillas por el norte de la península para que aquella invasión extranjera que anuncia a la Guardia Civil cuando lo detienen en tierras navarras, sospechoso de extrañas actividades, no se pierda y llegue a Compostela.

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