García Robles, campeón de patinaje

El deportista originario de Muras está diez años en la élite de su especialidad

SU FAMILIA DEJA Muras rumbo a Cuba, donde nacen los dos hermanos Ramón y Vicente García Robles (La Habana, 1928), para regresar a Madrid años después.

En la isla los dos jóvenes se aficionan al patinaje de velocidad y mientras están allí, aun sin llegar a los diez años de edad, ya ganan algunas competiciones escolares.

El año 1945, de regreso en España, Vicente participa en los campeonatos de Castilla que se celebran en el velódromo madrileño del Metropolitano, representando al Atlético Aviación y se proclama campeón. Ese mismo año gana la prueba que se celebra en el paseo de los Nuevos Ministerios.

Durante los ocho siguientes, a partir de 1947, va a ser campeón de España en distintas modalidades de fondo, al igual que su hermano, de tal forma que entre ambos acaparan varios récords y los títulos, como miembros del Atlético de Madrid, cuya sección de patinaje desaparece en 1953.

Vicente no se olvida de sus raíces y siempre que puede acude a Muras. De hecho, brinda sus triunfos “a Lugo, que es la tierra de mis padres y abuelos. Así lo hice constar siempre a los periodistas, aunque el acento cubano delata mi cuna circunstancial”.

El Progreso lo califica de “lugués de importación”, y le pide que presuma de esa condición allí donde vaya a competir con belgas e italianos, que son los máximos especialistas. ¿Los portugueses no? No, ellos son buenos en hockey.

En 1949, de cara a los Campeonatos del Mundo de Patinaje en 1.000, 5.000, 10.000 y 20.000 metros, a celebrar en Ferrara, se forma el equipo nacional con Alejandro Groizard, Alberto Domingo y Vicente, además del patinador catalán José Raga, en calidad de suplente. Los cuatro se concentran a las órdenes del seleccionador nacional, Luis Meléndez.

En realidad Cataluña es la única región que dispone de una auténtica infraestructura para la práctica del patinaje, lo que provoca envidias, o al menos, ciertos celos entre los dirigentes catalanes cuando comprueban que son patinadores de otras provincias, como es el caso de García Robles, los que se llevan los campeonatos.

En 1952, siendo Vicente García Robles quien mejores marcas obtiene en 5.000 metros fondo, y después de ser seleccionado para representar a España, hay un sorprendente cambio de planes a última hora que será decisivo en la carrera de este “lucense de importación”.

El deportista destapa las oscuras maniobras a los lectores de El Progreso cuando días después está en Muras pasando unos días. Preguntado por el corresponsal del diario si espera mejorar pronto las marcas de velocidad que obran en su poder, Vicente afirma que no, que no lo hará nunca por razones de índole moral.

Le piden que se explique y señala: “Cuando se iban a celebrar en Trieste los campeonatos internacionales fui designado para representar a España. A última hora, el federativo señor Meléndez, “periodista y catalán”, estimó más “conveniente” que fuera un paisano suyo el encargado de representar los colores nacionales. Mi desencanto fue mayúsculo, todavía mayor al comprobar el ridículo papel realizado por España. Esta es la razón por la cual he colgado los patines”, y de ahí que sea imposible mejorar ya sus marcas.

Al año siguiente, Vicente se casa y visita Muras con su mujer. La cacicada de Meléndez provoca que España se quede sin uno de sus mejores patinadores, aunque sin que salte el escándalo. Por lo visto, ya con Franco algunos catalanes iban por libre.

Tenía veinticinco años y se consideraba muy joven todavía para dejar el deporte.

Comenta