González López, un gobernador republicano en el Alcázar

El cuarto Gobierno Civil para el que es destinado resulta ser el de Toledo en 1936

EL ABOGADO MANUEL María González López (Lugo, 1892) es nombrado gobernador civil de Toledo el 14 de junio de 1936. Su suerte está echada. Va a vivir el 18 de julio en la ciudad de las tres culturas, y lo hará en un cargo que entonces nadie envidia.

Desde la llegada de la República, su amistad con Santiago Casares Quiroga y su papel protagonista en la proclamación de la misma en Vigo le abren las puertas de cuatro gobiernos civiles sucesivos: Huesca, Córdoba, Albacete y Toledo. Los mandatos no son largos, como tampoco los gobiernos a los que representa y él, como los demás, está sujeto al llamado baile de gobernadores.

No obstante, en Albacete el poncio lucense se va a enfrentar a un grave problema, de ésos que solo se solucionan con un nuevo cambio. En su toma de posesión, el 19 de marzo de 1936, Manuel María expone su mensaje delante de los representantes de la izquierda, los únicos que acuden al acto. Lo dice allí y lo escribe en una circular que dirige a los alcaldes. Está dispuesto a mantener el orden con toda energía y les manda que actúen en sus respectivos municipios con el mismo rigor.

Como es fácil colegir, los principales destinatarios del discurso son los elementos, controlados o no, de la derecha, principales interesados en demostrar que la República no es capaz de mantener el orden, ni de hacer cumplir la ley.

El recibimiento a Manuel María es el peor que se puede concebir en esas circunstancias, pues el 25 de marzo, apenas seis días después, el cabo comandante de la Guardia Civil de la localidad de Bonete es brutalmente asesinado y masacrado por una turba de jornaleros cuya relación con la izquierda es imposible de disimular. El nombre de la víctima parece señalar el destino que le aguarda al gobernador, pues se llama Joaquín Alcázar Díaz. El 14 de junio, tras permanecer menos de tres meses en Albacete, Manuel María González es trasladado al mismo cargo en Toledo, donde su Alcázar se dispone a vivir uno de los episodios más conocidos de la guerra civil española.

Por falta material de espacio, el relato completo de lo que allí acontece puede leerse en https://www.elprogreso.es/seccion/indice-lucenses-singulares, o a través del código QR final.

Al margen de ese episodio crucial en la vida de Manuel María González López, digamos que el año 1911 estudia Derecho en Santiago y escribe la pieza teatral Antón de Freixide, estrenada por la Tuna Escolar Gallega el 4 de febrero de 1915 en el Teatro Principal de Santiago.

Va a participar en la II Asamblea Nacionalista de 1919 y tres años más tarde es concejal en el ayuntamiento de Santiago y presidente del Centro Republicano de esa ciudad.

En 1929 ejerce como abogado en Vigo y en el 30 asiste al Pacto de Lestrove como militante del Partido Republicano Radical Socialista.

El 14 de abril del 31 proclama la república en Vigo y ese mismo año, la cercanía a Casares Quiroga le valdrá para ser nombrado gobernador civil de Huesca, al que seguirán los ya citados hasta llegar a Toledo.

Al final del asedio al Alcázar, el 5 de octubre de 1936, regresa a Galicia con una carta de Moscardó en la que certifica que “ha observado una conducta ejemplar al frente del Gobierno civil de la provincia hasta el mismo momento de la declaración del Estado de Guerra. Impidió las demasías y atropellos de los marxistas y veló en todo momento por el imperio de la Ley, sin someterse a presiones de ningún género”.

Desde 1940 reside en A Coruña, donde fallece el año 1975.

Comenta