González Doreste, el más exquisito realismo

Hace un año moría el hijo de Ángel Johán, uno de los mejores representantes españoles de esa pintura

SUS ALUMNOS DE los institutos Virgen del Puerto de Santoña y José María Pereda, de Santander lo tenían por el prototipo del artista, del pintor, del caballero. La barba, el permanente foulard al cuello, la justa seriedad y su amable trato lo distinguen del resto y por eso don Ángel González Doreste (Las Palmas de Gran Canaria, 1933), su catedrático de Dibujo, es su preferido.

Acaba de cumplirse el primer aniversario del hijo de Ángel Johán que nace en la playa de Las Canteras tres años antes de que su padre avise al Gobierno de la República sobre los movimientos de cierto general y esa noticia le cueste cuatro años de cárcel.

También él fue profesor de Dibujo en Fingoi, y también a él lo verán como al artista por antonomasia, con el pañuelo al cuello, como lo describe María Victoria Carballo-Calero.

En 1948, llega a Galicia a bordo del vapor Escolano, un homenaje al historiador valenciano Gaspar Escolano. Viene con sus padres, Ángel y Lolá, y con sus hermanos Juan Antonio y Carmen. Falta Jacinto, que nacerá en Lugo. En 1952 va a la Escuela Central Superior de Bellas Artes de San Fernando en Madrid, becado por la Diputación Provincial.

Forma parte de A Gadaña, la sección plástica del colectivo literario Brais Pinto, al lado de Raimundo Patiño, Virgilio Fernández, Alfonso Gallego, María Cremaes, su padre, Manuel Coia y Antón Gómez Arias. En 1958 expone por primera vez una individual en el Museo Canario de Las Palmas. Luego, en el Casino de Santa Cruz de Tenerife y en el Círculo das Artes.

En el inicio de los sesenta viaja becado a París para seguir tres años sus estudios allí, y de regreso, en 1963, se traslada a Cantabria, donde reside hasta su fallecimiento en Mompía.

Estaba viudo de María Rosa de la Riva Oruña, fallecida dos años antes que él, y con la que tiene tres hijos, Cristina, Pablo y Elena.

Adscrito en sus inicios al informalismo, protagoniza la que llaman primera exposición en Galicia de esa corriente, no exenta de polémica por las arriesgadas propuestas que incluye en 1960.

Se comenta que algunos visitantes se hacen cruces “ante la osadía de los pintorcetes” y hay quien se lamenta de que no exista una comisión de censura que impida “toda esa porquería”.

En ese momento Franco Grande lo saluda como un nuevo artista revolucionario y vanguardista, pero en realidad, Doreste era ya un pintor realista desde esa época y un magnífico retratista, como lo demuestran los lienzos de toda su familia, los de Fole, Pimentel o Sopeña; sus numerosos autorretratos y tantos otros. Sus bodegones son de una perfección extraordinaria y como paisajista nada le separa de los más eximios representantes del realismo mundial.

Cierto que con el tiempo crece en minuciosidad hasta alcanzar extremos poco frecuentes. Él disfruta en la captación de la realidad y se detiene en reflejar cada una de las piedras que se acumulan en el recodo de un río, los abigarrados acantilados de Cantabria, las playas de Liencres o la vista del Miño desde las cuestas del parque.

Setenta y cinco de ellos forman la Antológica de 2008 que organiza el Museo de Lugo cuando él cumple los 75 años. La coincidencia de cifras le hace bromear diciendo que ha pintado uno por año. El catálogo publicado en 1997 recoge 160 piezas.

Especialmente significativa fue también la exposición de 1979 en Moscú, como uno de los representantes del realismo español.

Durante los ochenta es concejal de Cultura de Santoña y gracias a una donación suya el Ayuntamiento inicia una colección de arte.

3 Comentarios a “González Doreste, el más exquisito realismo”

  1. Pablo González de la Riva

    Soy el hijo de Ángel. Sólo quería agradecerle el recuerdo del aniversario de su muerte y la semblanza que de él hace. Un caballero, un excelente pintor y un gran padre. Gracias

  2. Cora

    Me alegro de que os haya gustado a la familia. Lo poco que lo conocí me permitió saber que en efecto era una gran persona. Traté más a tu abuela, Lolá, y a Jacinto, todos de gran señorío. Un abrazo.

  3. Matias,Simón Villares

    DON ANGEL GONZALEZ DORESTE. El pintor de los colores bellos. Siempre en mi corazón.

    ( Por Matías Simón Villares. Alumno interno del Instituto de Enseñanzas Medias Virgen del Puerto. Santoña. Santander.1970-1978 )

    Cuando por deseos de la vida se van marchando tus profesores, recuerdas lo que te enseñaron y parecen no marcharse nunca.
    Es lo que me ocurre con Ángel González Doreste, Don Ángel, que llegó a mi cabeza en la década de los 70 cuando estudiando el Bachillerato él impartía clases de Dibujo en el Instituto Virgen del Puerto de Santoña (Santander).
    Don Ángel, con su pañuelo en el cuello y su barba larga y negra , pronto me hizo ver lo que yo andaba buscando: un artista, un bohemio y un poeta.
    No era de partidos de futbol de alumnos contra profesores el día de Santo Tomás de Aquino, patrono de los estudiantes, ni de grandes discursos geográficos ni formativos.
    Sus silencios nos hablaban de la belleza de los colores, de las cosas de la vida, la de él y la de todos nosotros.
    Se sentaba pocas veces, le gustaba moverse entre las mesas de dibujo, nada apupitradas; mesas grandes , blancas, con giro vertical donde , poco a poco, nos íbamos iniciando en nuestras futuras manifestaciones artísticas.
    .- “Desde luego Simón esto del Dibujo no es lo suyo, pero la música de su guitarra es más importante”. Cuando me dijo esto me dejó un poco descolocado, pero me vine arriba, y es que a mí lo del “ dibujo lineal “ como que no se me daba bien, pero Don Ángel sabía que yo tocaba la guitarra y la armónica y no sé, el caso es que siempre me ponía un 7 en las evaluaciones, cuando me costaba pasar del 5, y ahí comenzó todo.
    Comenzó que comencé a sentirme un poco como él; a escuchar las olas sin verlas, a modelar la arcilla, a pintar la vida y , aquel su cuadro, Don Ángel, el de los limones, o naranjas, metidos en aquella bolsa de plástico atada con una cuerda, apretando.
    Mi querido profesor : usted me enseñó tantas y tantas cosas. Usted preside la cabecera de mis instantes.

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