Los Pérez-Carro, 140 años abiertos al público

El iniciador de la saga llega desde la Maragatería a Lugo en 1880 y su establecimiento se mantiene hoy

EN LUGO EL nombre de Tomás Pérez Carro identifica a dos personas, padre e hijo, cuando no a tres, el hijo político del primero, que también se llamó Tomás Carro.

Para contar su historia nos ceñiremos a don Tomás y a don Tomasito, su hijo, Tomás Pérez-Carro García (Lugo, 1895), que es el que nace en la ciudad.

Don Tomás había llegado en 1880 a la Porta Toletana de la muralla desde tierras de la Maragatería y ese origen va a convertirse sin remedio en el apodo de todos ellos. En concreto, parte de la familia procede de Santa Colomba de Somoza, al oeste de Astorga por el camino francés.

Desde el primer momento se dedica al comercio y tal como indica el anuncio que utilizará después, se trata de “Almacén de jamones y carnes saladas. San Pedro, 66. Almacén-Depósito, San Roque, 5. Lugo”.

En 1889 ya es uno de los comerciantes que financian las fiestas de San Froilán, así como docenas de iniciativas ciudadanas, como los homenajes a Claudio López y a Ángel López Pérez, que será el faro político de padre e hijo.

En 1901 es vocal de la Junta Municipal por el grupo 3, al lado de Félix Arriaga, de Ruanova y Liborio Revilla, de Armanyá. En las navidades de diez años más tarde, él y su mujer, Vicenta García Carro, se ven en el penoso trance de enterrar a una de sus jóvenes hijas, Dolores. Dice la prensa que todo Lugo les acompaña en el dolor, es especial, la colonia astorgana.

Poco después es vocal de la Cámara de Comercio bajo la presidencia de Pujol que lo designa para estudiar la suscripción de acciones con el fin de construir una plaza de toros. Entre los otros taurinos propuestos están Jesús Bal y Roca, Vila Ron, Julio Iglesias y Roque Pinacho.

Ya entonces se prepara la boda de su hija Carmen con el tercer Tomás Carro de esta historia, asimismo comerciante en Lugo. Se celebra en 1913 y en la intimidad del hogar, debido al luto por Dolores, como era costumbre.

Don Tomás es uno de los primeros lucenses que están abonados al servicio telefónico, allá por el año 1914, fecha fatídica que va a traer la I Guerra Mundial y con ella graves consecuencias para su comercio y otros de la ciudad.

El desabastecimiento y la carestía ocasionados por las exportaciones a los países en conflicto enciende las protestas que se repiten a lo largo de 1918 y que en agosto van a ser especialmente graves para el almacén de jamones de los Pérez-Carro, que es asaltado y de donde desaparecen hasta mil piezas _ dos mil arrobas de carne _, valoradas en 21.000 duros. Quienes entran, se dice, son hombres armados de hachas.

Los establecimientos de Carro, Delgado y Bal y Roca; los del comerciante de Serés (Castroverde), Manuel Ferreiro Barja, la Casa Lagarón, de don Amable, la de José Liz Albarín, en el barrio de A Ponte, y los almacenes de harinas de Pujol y Arriaga sufren también el pillaje y graves destrozos del mobiliario. Los daños de la jornada ascienden a 80.000 duros.

Don Tomás muere dos meses antes de iniciarse la guerra y su esposa, en agosto de 1944. Don Tomasito, casado con María de los Dolores García Crespo, va a continuar con éxito la actividad y participará como él en el ayuntamiento. De hecho, la última corporación presidida por López Pérez la forman Vila, Neira Pedrosa. Eleuterio López, Serafín Rey, Feliciano Canto, Teótimo Merino, Roca, Daniel Fernández, Pedro Castro y él.

En 1981, a su muerte, el comercio de San Pedro pasa al cuidado de su hija Carmen, que para ello deja sus carreras de Derecho y Magisterio, y que sueña con que un día se convierta en museo.

Comenta