El virus laico

Si no fuera por San Silvestre sería completamente laica e inofensiva

Hay un interés especial en remarcar que los comensales de la cena del día 24 no pasen de seis, pero apenas se dice nada de la cena del día 23. La cabalgata de Reyes es un peligro, pero la Sansilvestre es intocable. ¿El virus es más contagioso en las reuniones de tradición católica a causa de la comunión de los santos? ¿Aprovecha la unión espiritual de los creyentes para prosperar, mientras los laicos, como no creen en nada, se protegen mejor?

Apasionante reflexións teopandémica la que se plantea a raíz de las medidas gubernamentales, muy rigurosas y restrictivas si les huele a religión por algún lado. Por ejemplo, ¿se acuerdan cuando Sánchez se puso todo finolis para decir que no existía el toque de queda y que se debía decir “restricción a la movilidad nocturna”?

Bueno, pues a la hora de legislar sobre la Misa del Gallo de este año ha resucitado el toque de queda con toda su crudeza para asustar a los fieles que serán detenidos de ser vistos por las calles a las doce y media con el rosario entre los dedos, el velo y el misal. Seguro que los mandan a un campo de concentración en las Bárdenas Reales.

Y en esto salta la teóloga Rosa Villacastín y se pregunta al aire: “¿Por qué no podemos dejar de celebrar las Navidades? ¿Qué pasa si no las celebramos?” Para responderse a sí misma cual Descartes con el discurso del método: “No pasa nada”.

¡Ay, Rosa Rosae, regular de la primera declinación! ¿Por qué te has vuelto tan impenetrable al conocimiento? A ti no te pasará nada porque eres un poco feldespática y asimilas Navidades con besugo al horno o con pavo asado; pero para quienes tienen el espíritu un poquito más elevado, la celebración de la Navidad no se realiza con el estómago, sino con el corazón y la cabeza, y es imposible que la arrinconen, con toque de queda, o con tócame Roque.

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