David Sotuela, el tenor de las montañas de O Courel

El cantante lucense tiene unas excelentes condiciones pero no acaba por triunfar

CANTABA ALALÁS DO Courel, como hacía durante su infancia “en las abruptas montañas de O Courel”. Eso decían sus admiradores, que lo rebautizan como queda dicho en el título.

David Sotuela Vila (Folgoso do Courel, 1890) tenía unas condiciones envidiables para el canto y un registro de tenor que llamó la atención de quien lo escuchaba, entre ellos, el barítono y compositor Ignacio Tabuyo.

El adolescente Sotuela queda huérfano a los doce años y abandona San Silvestre de Seceda para dar un primer salto hasta Monforte, donde trabaja de repartidor de pan. Luego, en tren, llega a Madrid para ser pinche de cocina en la Plaza de París de Leganés y en el Labra, donde Pablo Iglesias había fundado el PSOE.

También es camarero, enfermero del hospital del Carmen, encargado de la fundición de un pariente e incluso, loquero en el psiquiátrico de Leganés, cuyo exacto cometido es mejor ni sospechar. Estuvo 9 días.

Entre las idas y venidas de Leganés, tiene un accidente e ingresa en un hospital.

Más adelante lo escucha Federico Culebras, fundador del Centro Gallego y entusiasta de lo lucense, que le abre las puertas a actuar ante sus paisanos y así lo hace varias veces, a partir del 27 de diciembre de 1914, a la par que la tiple Barbeito. Entre otras, él canta Torna a Sorrento. Meus amores y Mary-Mary, acompañado de Manuel Blanco, que le daba una hora de clases sin cobrar.

En el 15 canta para el Ateneo de la Juventud con Yrayzoz al piano y en el 18, se celebra un recital en el teatro Álvarez Quintero a su beneficio, con Lolita Riera y Cristina Mendoza.

Del Labra a Los Gabrieles, que en Madrid son garbanzos y están en Echegaray. El pariente de la fundición va a la cárcel por estafar un millón de pesetas, lo cual le importa muy poco, porque apenas le pagaba, así que se libera de su yugo.

Entonces es cuando Ricardo de la Vega Oreiro, el hijo de Ventura de la Vega y la cantante Manuela Oreiro, lo pone a tiro del Palacio-Hotel para que cante allí, por ejemplo, Unha noite na eira do trigo, y la serenata de la ópera Payasos, una de sus favoritas.

Además de las citadas, canta La Sonánbula, Rigoletto, Tosca y Manon. La Canción del Olvido, de Federico Romero, le entusiasma.

En el Gran Teatro estrena La llama, de Usandizaga, como tenor de primer punte y lo reclaman para una tournée por provincias que rechaza.

Entre el Bar Nuevo, El Palace Hotel, la Casa de Galicia y los coros del Teatro Real, Sotuela alterna óperas y romanzas, con bandejas y mandilones.

Tabuyo, que era profesor de canto del Real Conservatorio, lo conoce y lo pondera. Media ante la Casa de Galicia para que lo pensionen para recibir clases, pero no lo consigue.

Siendo enfermero, entra en contacto con el músico valenciano Manuel Penella y surge la posibilidad de hacer las Américas con su compañía, por lo que se decide a dar el nuevo salto. Se pensaba que de Argentina y Cuba podría dar otro a la Scala de Milán después de una función en el Teatro Payret, de La Habana, pero…

Penella quiere escribir una obra adecuada a sus condiciones, pero la cosa no cuaja y hasta se habla de que tiene que emplearse de sacristán de una parroquia en Cuba.

Enferma de los ojos y permanece un año casi ciego en el hospital del Centro Gallego. Repuesto, regresa en 1923 con su mujer argentina y actúa en Santiago. Le rodea la fama de haber triunfado en América y en parte es verdad, aunque tras la guerra venderá el cupón de los ciegos.

Luego vuelve a Argentina con su esposa, donde se supone que fallece.

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