Fernández Gude, todos los soldados de África son él

El de O Corgo suplanta a sus compañeros muertos en Annual por ver de ganarse a las familias

NUESTRO LUCENSE DE hoy no figura entre los ilustres de la provincia, sino más bien todo lo contrario, pero su historia es tan peculiar que merece ser contada.

Gerardo Fernández Gude (O Corgo, 1900), ve la luz con el fin del siglo XIX en Santa María de Franqueán y en 1921 participa en la interminable guerra de África, donde es testigo del desastre de Annual.

Las penurias bélicas son también su sustento, y acabadas aquéllas, se termina éste. A su vuelta de Larache se casa, bien en A Pastoriza, bien en Castro de Rei, con la chairega Perpetua Bello, que ya le ha dado una niña a la que bautizan como Virginia.

Gerardo hace recuento de los compañeros fallecidos y anota en cada ficha todos los datos que recuerda de ellos. Domicilio, nombre de los padres, aficiones, etc. Con ese bagaje se presentará ante cada familia y dirá que él es el hijo al que consideran muerto.

No se sabe cuántas veces lo intenta, pues solo queda constancia cuando es detenido y conlleva alguna actuación judicial. Arriesgamos a decir que superaron la docena.

El engaño nunca puede prolongarse, pero mientras dura se asegura el condumio y quién sabe si algo más. Cuando todo termina le diagnostican un síndrome de suplantación, o sea, el síndrome de Capgras al revés; es decir, el paciente no cree que uno de sus familiares ha sido sustituido por un doble, sino que es él quien se cree doble de sus compañeros muertos.

Su tercera víctima, la primera fuera de Galicia, es una mujer de la calle Santa Juliana, próxima a Cuatro Caminos. La engatusa de tal manera que de ella recibe albergue y atenciones, aunque la mentira tiene las patas cortas y pronto se le acaba el momio.

Poco después aparece en Ourense, donde Gerardo intenta presentarse como un hijo fallecido, siendo descubierto casi al instante.

En 1927, los corresponsales de Mondoñedo informan de la presencia en la ciudad de un sujeto que dice llamarse José Ramón Comendeiro González, y ser hijo de unos honrados vecinos de la parroquia de Nosa Señora do Carme, al cual todos suponen muerto en Annual. Los Comendeiro lo reciben con la alegría que es de suponer, aunque lo que más les llama la atención es que José Ramón haya cambiado tanto de aspecto desde que marchó a combatir.

Se explica el fenómeno por el tiempo transcurrido y por las vicisitudes sufridas que él relata con pelos y señales. Ha vuelto totalmente desfigurado, se dicen unos a otros. La historia llega a oídos de la Guardia Civil y claro, la benemérita se interesa por la milagrosa aparición interrogándolo a fondo. Él repite el fantástico relato de su aventura africana e incluso simula ser víctima de ataques epilépticos que hagan su regreso más patético.

En 1928 lo prueba con Petra Jiménez, vecina del Paseo de Extremadura. Le dice que es su hijo Pablo. Como antes de irse a África, Pablo se da al pillaje durante la huelga general de 1917, está dos días en la cárcel, donde le toman las huellas dactilares.

Eso le sirve a Petra para deshacer las dudas. Gerardo insiste, ahora en Segovia, tratando de engañar a la familia de Ruperto Fernández. Y después, otra vez en Ourense.

Llegamos al final. El 12 de diciembre de 1935 se presenta en el lugar de Louzas, parroquia coruñesa de San Cristóbal das Viñas _ hoy Marineda _ y dice ser José Gestal Peirallo. Algunos creen reconocerlo. Él explica que no ha podido regresar antes por caer prisionero de los moros.

Entonces, como siempre, se presenta la Guardia Civil y lo detiene.

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