Celaá y Barojaá, castellanos

Peligra el aceite

Ada Colau acude en coche a una entrevista radiofónica donde critica el uso del automóvil. La mujer se despistó. Luego lanza pestes contra Amazon, sin darse cuenta de que es donde vende sus libros. Quizás odie el dinero con la misma intensidad con la que acepta subirse los emolumentos un 40% para cobrar más que Sánchez, que es uno de los epítomes modernos que sustituye a Carracuca.

Antes eras “más viejo que Carracuca”, o “más feo”, o estabas “más perdido” que Carracuca. Ahora el top lo marca Sánchez, el de cualquier cosa; él siempre más.

Pero volviendo a las contradicciones, no acaba el día sin que se nos ofrezca la oportunidad de contemplar algunas que claman al cielo.

Por ejemplo, la de ver a la ministrísima de Neguri Isabel Celaá llevando a sus hijas al muy trilingüe Instituto de la Bienaventurada Virgen María, en Lejona, también llamadas Sisters of Loreto, o su abreviatura I.B.V.M., que tanto vale en castellano como en inglés, aunque no en euskera _ A.M.Z.I. _, ya que esa es la tercera lengua en la que imparten sus estupendas clases que pronto dejarán de ser concertadas por obra y gracia de un Gobierno en el que abundan ese tipo de exalumnos, como la propia Celaá, que lo fue del Sagrado Corazón de Bilbao, como Marlaska, también en Bilbao, pero de los salesianos.

Celaá, que nada tiene que ver con Camilo José por parte de familia, ni con Barojaá por parte de oficio, se ha hecho con muchas papeletas para convertirse en el epítome de las contradicciones, tanto por la concertada, como por la especial y tanto o más, por lo del castellano. “Eres más absurdo que Celaá”, puede oírse a partir de ahora con fundamento. Tiene en sus manos el segundo idioma más hablado del mundo, después del chino, y legisla en su contra. Para igualar la bobada solo se nos ocurre que prohíban el aceite de oliva.

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