Trastorno bipolar

“El terrorismo mató a Lluch”, dice Sánchez. El terrorismo, no. Fue ETA

Los psiquiatras creen que quienes no lo somos tendemos a confundir una esquizofrenia, con un trastorno de personalidad múltiple, y la doble personalidad con la bipolaridad, o todo bien revuelto. Sin duda que es así. Seguramente a cualquiera de estos profesionales también les cuesta trabajo acertar en el diagnóstico antes de una exploración exhaustiva según qué casos.

Lo mismo nos ocurre para calificar en términos médicos lo que estamos viviendo en nuestra santa política doméstica, aunque de algo sí estamos seguros. Hay un trastorno, hay dobles y triples personalidades en danza y lo peor de todo, aunque los pacientes sean los políticos, los síntomas los padecemos nosotros.

Los movimientos orquestales de Iglesias, Bildu y ERC por un lado, la impávida reacción del Gobierno, por otro; Europa con sus decires, Celaá con sus leyes trogloditas, Podemos con sus ataques a la ministra de Defensa, el Polisario por un lado, los desahucios por otro; el referéndum catalán, el saharaui… y Tezanos llamándole a todo normalidad estable.

El poder ha sido troceado y la intención es seguir haciéndolo para que cada uno tenga su republiqueta y su mamandurria. Al fin y cabo, a vivir que son dos días, porque eso de la unidad de destinos en lo universal huele a Franco que te cagas.

Mucho mejor es una esquizofrenia de chupetines en lo terrenal y unos presupuestos de juja que nadie sabe de dónde se sostienen. Pedro Sánchez ha inventado la bicefalia orgánica, aunque antes de su primer cumpleaños la maquinaria se está resintiendo y los engranajes chirrían con estrépito.

Seguramente tienen razón los psiquiatras. En muy difícil distinguir una dolencia de otra. Ernest Lluch lo habría hecho. Por eso lo mataron hace veinte años.

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