Eso no es negar

Fantástica discusión científica

Al principio me preguntaba, ¿qué será lo que niegan los negacionistas? ¿La existencia del virus? ¿La validez del confinamiento para combatirlo? ¿La eficacia de las mascarillas? ¿La filosofía de Illa?

Ahora ya lo sé. Lo que niegan es el sentido común.

La conclusión es fácil de establecer. Si en un país que ha llegado a registrar 60.000 muertos relacionados con ese virus, unos desalmados dedican la noche a destrozar mobiliario urbano, a enfrentarse con la policía, a romper escaparates y a otras lindezas bajo la bandera del negacionismo, lo único que cabe pensar es que han perdido el regir.

Bueno, también suele suceder en estos casos que alguien con intereses distintos a los que en apariencia se dirimen _ por ejemplo, desestabilizar un montón _, los aliente, financie o convoque.

En ese caso, los negacionistas pasarían a llamarse guerrilla urbana, sicarios, matones y sus sinónimos. Si no están subvencionados y actúan motu proprio, entonces les encaja más la acepción de vándalos o gamberros de toda la vida.

A Pío Baroja, como a cualquier otra persona sensible y amante del orden, le preocupan los gamberros y les dedica varios análisis. En uno de ellos, allá por el 1935, en plena época republicana, dice que son mozos de actitud desvergonzada, que hacen gala ante el público de ser impertinentes, atrevidos, irrespetuosos; que alardean de procacidad y de insolencia, propios, afirma él, de las Vascongadas y Navarra, y algo en Santander, Asturias y Galicia.

Luego insiste que los focos del gamberrismo son San Sebastián y Bilbao, “dos ciudades que pretendían, sobre todo la primera, ser la quinta esencia de la pulcritud y de la corrección más extremadas”.

Pues ya ve, don Pío. Que la insolencia no ha mejorado. En todo caso, se ha disfrazado.

Comenta