Good news

Good news en forma de canción

A lo largo de la historia del periodismo se ha intentado en varias ocasiones mantener un diario que solo recogiese noticias positivas.

Todos fracasaron, excepto alguno que hoy se aloja en internet. En ese sentido hay que modificar el dicho clásico: El papel lo aguanta todo. No, hoy el que aguanta todo es internet.

Testimonios de gente que participó en alguno de esos proyectos _ en España también los hubo _, aseguran que uno de los problemas a los que se enfrentaban a diario era la selección de las noticias, porque la misma pieza, sin modificar ni una coma su redacción, para unos era positiva y para otros, lo contrario.

No es nada extraño, aunque lo parezca. Cualquier ciudadano puede comprobar a diario que su criterio sobre lo que es positivo y el que aplica el Gobierno discurren por caminos opuestos.

Fíjense si serán opuestos que ellos están pensando en premiarse con un aumento de sueldo por lo bien que lo hacen, mientras que para usted será un aumento de impuestos, ¡con un par!

Están rodeados de ineficacia, de desbarajustes y de huida de responsabilidades. Por no entrar en mayores honduras. Nos conducen hacia un futuro en el que solo caben dos únicas alternativas, o la miseria ruinosa, o la ruina miserable, y sin embargo se preocupan de aumentarse los presupuestos en los organismos más inútiles, en los aparatos de propaganda y en las paguitas que acaben por entontecer conciencias.

¿Cómo vamos a coincidir en cuáles son las noticias positivas? Espantar empresas, financiar independentistas, prohibir motes, denunciar el rosa de las niñas e inventar chorradas diarias no lo son, por mucho que quisiéramos engañarnos.

Así se explica que no triunfe ese periódico. Unos están a Rolex y otros, a setas. Pero venenosas.

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