Caza al mote

Si motes, no, de caricaturas ya ni hablamos. Vamos, como los yihadistas. (Azaña, por Demetrio)

Enrique Santiago, abogado, miembro del PC y diputado de Podemos, quiere que se prohíba referirse a Iglesias como marqués de Galapagar, o a la pareja en plural, porque es ofensivo.

¿En dónde vivirá este Santiago y cierra España? ¿En alguna burbuja inmobiliaria? ¿Acaso no sabe que cada español tiene un mote y que buena parte de ellos son ofensivos, según se mire?

Cientos de pueblos han reunido los suyos y al leerlos te encuentras de todo, Abrazatortas, Cagadurito, Estripaconejos, Juanpelotas, Ojos de gorrino, Siete culos, Vaca tonta…

A Pepe Blanco, el de Lugo, le pusieron Garbanzo Remojao por la expresión de su rostro; a Cristina Kirchner le llaman Álgebra, porque está plagada de operaciones, y a Joaquín Ruiz Jiménez, el ministro de Educación, Sor Intrépida, porque siendo demócrata cristiano, también se atrevía a según qué cosas.

Este último apodo, muy celebrado en su tiempo, se debe a la coña marinera del propio Franco, que al final va a resultar más liberal que alguno de los nuevos apóstoles de la mano dura, aunque él tampoco se reía cuando le llamaban el Fresco General que viene del Norte, ni cuando a su alcalde, ministro de la Gobernación y luego presidente, Carlos Arias Navarro, lo bautizaron como Carnicero de Málaga, rebajado a Carnicerito por Cuco Cerecedo.

Azaña fue El Verrugas por la misma razón que el desaparecido restaurante lucense; Alfonso Guerra, el Tahúr del Misisipi; Martínez de la Rosa, Rosita la Pastelera; Adolfo Suárez, el Posturas de Moncloa, y Zapatero tiene uno bueno, Bambi; muchos malos y uno mediopensionista, el Maquiavelo de León.

Sánchez en avión se postula como Falconetti, pero cada día le brota alguno nuevo. Su escapada de ayer le valdría el título de Richard Kimble el Fugitivo. En cualquier caso, ya lo saben, todos a la cárcel.

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