Cao y Durán, de la harina a la fotografía

Cubre informaciones del Rey Alfonso XIII y retrata a los ilustres del principios de siglo XX

CUANDO CUMPLE LOS 15 años, José Cao y Durán (Muras, 1864), toma carretera y manta desde su parroquia de Santo Estevo de Silán a Madrid. Emplea 16 días en el viaje porque hace el recorrido en el carromato de un maragato que le cobra once pesos por transporte y comida. Otros en su época van a pie, como Manuel Lence, el futuro propietario de Viena Capellanes.

Entra de mozo en una panadería, que es destino muy común para la emigración gallega, pero ni la dureza del trabajo, ni la morriña pueden con Pepiño Cao.

De esa época dirá más tarde: “Con el sudor de mi frente tengo ganadas cuatro borlas de doctor: una de pan francés, otra de pan candeal, otra de francesillas y otra de pan de Viena”.

Y con tales títulos, compra la carrera de un repartidor de pan a domicilio en el distrito del Centro y se independiza. Queda a deber cinco mil reales, que no es moco de pavo. Ahora las amenazas no vienen del jefe, sino de los guardias que le obligan a repesar las barras de pan que vende para que no haya fraude. ¡Oh tempora, oh mores!

En pocos años ha saldado sus cuentas pendientes y paga la cantidad que le libra de ir al Ejército. Entonces regresa a Muras y presume de haber conquistado Madrid, aunque todavía le queda mucho por hacer.

Vuelve a la capital y se casa con Isidora García Argós. Abre domicilio en la calle Quintana, 3 y tiene cuatro hijos, Francisco, Joaquín, Isidoro Guillermo y Margarita Pepita Cao García Durán y Argós, fallecida a los 22 años en 1921.

Ahora es comisionista de harinas y fabricante de pan de Viena desde 1890. En el orden político, ingresa en el Partido Republicano Progresista. A imagen y semejanza de su padre, que fue alcalde de Muras con la I República, él se hace con una concejalía de Madrid en 1905.

Julio Camba escribe una deliciosa crónica desde París en la que comenta la escasez de champagne y la pesadilla que le sobreviene al soñar que la bella señorita que le sirve la bebida se ha transformado en “Cao y Durán pronunciando un espiche republicano”.

Su biógrafo, el periodista Romero Yáñez, resalta la dificultad de que un republicano gane en el distrito del Centro, habitado por monárquicos, y tiene razón. “Yo no he venido al Ayuntamiento para aprender lecciones de elocuencia, sino para administrar honradamente los intereses de mis mandatarios”, declara en una ocasión.

También es vocal y tesorero del Centro Gallego de Madrid durante la presidencia de Eduardo Vicenti.

Pero José Cao, fíjense qué salto, va a pasar a la historia como fotógrafo de prensa. Esta segunda actividad suya comienza en 1897, cuando establece en Madrid una fotografía, que es como en ese momento se denominan las casas dedicadas a este oficio.

Logra convertirla en una de las de mayor prestigio en la capital, y entonces los periódicos que empiezan a usar elementos gráficos en sus páginas se arrojan a sus brazos en busca de un buen operador. Colabora con el periodista Manuel Carretero y publica en la Ilustración Artística, El Liberal, Pluma y Lápiz, Vida Galante y Vida Gallega, que lo tiene por su redactor en Madrid.

Cubre informaciones del Rey Alfonso XIII y naturalmente, de todos los actos de los madrigallegos. En cuanto a retratos, destacan los del expresidente Nicolás Salmerón, José Zulueta y Gomis, Manuel Allende Salazar, Santiago Ramón y Cajal y el diputado gallego Mariano Ordóñez que aparece en su cromo.

Durante años es agüista en el balneario de Mondariz y veraneante en Ferreira do Valadouro, aunque reúne propiedades en Lugo, Madrid y Cantabria.

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