Amada López de Meneses, la gran historiadora de los gitanos

Nacida en As Nogais, Amada disfrutó de una prodigiosa memoria que le permitía recordar todo lo leído

EN LOS AÑOS treinta era imposible que los periodistas hablasen con ella sin alabarle la belleza. Primero, porque realmente era una mujer muy guapa, y segundo, porque entonces no era concebible que también fuese una erudita.

Amada López de Meneses (As Nogais, 1906), ligada al lugar de Os Casares de Torés, destaca por su cultura e inteligencia desde la infancia. En 1923 termina el bachillerato en Lugo con matrículas de honor en todas las asignaturas y cómo será su fama que en septiembre de 1927, cuando el eminente botánico y genetista ruso Nikolái Vavílov visita As Nogais en su recorrido por todo el mundo tras los centros de origen de las plantas, Amada encabeza el comité local que atiende sus preguntas.

Vavílov, director del Instituto Agronómico y de Botánica Aplicada de Leningrado, procede de Pola de Lena y llega acompañado por los catedráticos Gustavo Nieto Valls, de Ourense; Luis Iglesias, de Santiago, y Luis Crespi, de Madrid.

Se interesa por las gramíneas, especialmente por la avena y se lleva muestras de todas ellas. España es el país número 40 de los que recorre con ese fin y Amada, la persona ideal para ser su cicerone.

Pero su especialidad no va a ser la botánica, sino la historia. Huérfana de padre desde niña, marcha a Madrid con su familia y allí estudia Filosofía y Letras, para presentarse a cátedras en 1929.

Dos años más tarde investiga en el archivo de Simancas y es uno de los historiadores que solicitan trasladarlo al edificio de la Academia de Caballería en Valladolid con el fin de conservar todos los documentos en su integridad.

En 1932 es becada por la Junta de Ampliación de Estudios en París, pero no se lleva bien con la capital francesa. Solo recibe 1.525 pesetas, aunque “menos mal _ dice ella _, que en enero de 1933, pude colocarme como “repetitrice” de español en la Escuela Normal Superior de Maestras”. Estudia en La Sorbonne, pero no le gusta la vida en París. “¡Figúrese usted que el Institute Hispanique me ofreció una plaza de profesora y la he rehusado!”

Y para que no la llamen sosa, recalca que le encantan los cines, los teatros, los paseos los bailes, “y hasta el flirt”, esto es, el ligoteo.

Sus primeras investigaciones tratan sobre El oratorio del Caballero de Gracia, Las pensiones que en 1758 concedió la Academia de San Fernando para ampliación de estudios en Roma, Un nieto de Moctezuma en la cárcel de Sevilla, y Los extremeños en América.

Reconoce que uno de sus secretos es que disfruta de una memoria prodigiosa, pues es capaz de leer un folio una sola vez y acordarse de su contenido completo y literal.

De esa forma no necesita dedicar muchas horas al estudio, por lo que “el tiempo sobrante, cuando no lo dedicaba a las diversiones, lo empleaba en efectuar rebuscas en los archivos y bibliotecas de Madrid y en vacaciones, en los de provincias”.

La nombran miembro correspondiente de la Real Academia Galega y en su diversa y variada obra destacan algunos trabajos, como los Ilustres extranjeros que en 1525 y 1526 visitan Barcelona (1935), que fue objeto del interés de la prensa por cuanto se investiga sobre los antecedentes del turismo moderno, y otros sobre la peste negra.

Se le considera la gran historiadora de los gitanos en España, por los importantes documentos descubiertos sobre su llegada.

También escribe varias biografías, como la de Crescas de Viviers, el astrólogo de Juan I el Cazador, Carlos de Borbón-Montpensier y Pedro el Ceremonioso.

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